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Nunca hemos tenido tantas economías como ahora, además de la economía lineal que ha imperado en los dos últimos siglos tras la revolución industrial, en los últimos años han surgido otras maneras de abordar el crecimiento económico para solucionar, entre otros aspectos, la depredación que estamos haciendo de los recursos naturales de nuestro planeta. Entre las llamadas nuevas economías, nos vamos a centrar hoy en una cuyo desarrollo es clave para afrontar ese cambio de ciclo imprescindible para combatir el cambio climático: la economía circular.

La economía circular es un modelo económico en el cual el valor de los productos y materiales se mantiene durante el mayor tiempo posible, los residuos se reducen al mínimo, y los recursos se reintroducen repetidamente en el ciclo productivo, creando valor cuando los bienes llegan al final de su vida útil. Esta es la definición que aparece en la Estrategia de Economía Circular Euskadi 2030, porque, por si hay personas que no lo sabían todavía, en el País Vasco, la economía circular se ha convertido en uno de los ejes transversales de su estrategia de futuro. Y no es de extrañar si nos damos cuenta que, en un país eminentemente industrial como el nuestro, la industria genera el 72% de los residuos totales y más de un 40% de esos residuos industriales se desechan, no se aprovechan. Imagínense la cantidad de dinero que diariamente estamos tirando a nuestros saturados vertederos, y hablo en plural porque esto no es sólo un problema de la industria vasca, es una cuestión que nos atañe a todos, al resto de sectores y a los consumidores, que con nuestros comportamientos estamos favoreciendo modelos lineales, usamos y tiramos. El coste económico, medioambiental y social de no ser circular es totalmente inasumible para una sociedad moderna que busca ser eficiente en el uso de sus recursos.

 

En un país eminentemente industrial como el nuestro, la industria genera el 72% de los residuos totales y más de un 40% de esos residuos industriales se desechan, no se aprovechan

 

La pasada semana se inauguraba en Bilbao el Basque Circular Hub, un nuevo centro impulsado por Gobierno Vasco, Ihobe y el Ayuntamiento de Bilbao que pretende convertirse en un referente para la formación avanzada en este campo y también en el análisis de tendencias y generación de contenido experto. Aperturas como esta nos hacen pensar que en Euskadi vamos por el buen camino, aunque todavía nos queda mucho por recorrer hasta llegar a los resultados esperados para 2030: aumentar la facturación en productos circulares en más de 10.000 millones de euros, crear más de 3.000 empleos en este ámbito y reducir el 26% las emisiones de carbono asociadas al consumo. Como siempre prefiero ver el vaso medio lleno que medio vacío, vamos a hacer un repaso de algunas iniciativas, publicas y privadas, que están ayudando a impulsar la economía circular en Euskadi.

Gipuzkoa cuenta ya con más de 75 empresas dedicadas al reciclaje, empresas que representan casi un 7% del PIB del territorio y emplean a más de 10.000 personas agrupadas en torno a GK Recycling, el clúster de reutilización y reciclaje. El Basque Ecodesign Center, un proyecto impulsado por Ihobe, es otro claro ejemplo de abordar el problema desde su raíz. En el diseño de un producto se definen el 80% de sus impactos desde su clico de vida, por este motivo, esta fase es clave. La integración en el diseño de criterios para reducir la entrada de recursos, la generación de residuos y el impacto ambiental es la mejor estrategia para cerrar todos los círculos y avanzar hacia una economía más circular. En todo el impulso del ecodiseño trabaja esta iniciativa público-privada, de la que forman parte alguna de las principales compañías vascas, para desarrollar nuevos proyectos técnicos, crear nuevos modelos de negocio y formar, capacitar y apoyar a las Pymes vascas.

 

Todavía nos queda mucho por recorrer hasta llegar a los resultados esperados para 2030: aumentar la facturación en productos circulares en más de 10.000 millones, crear más de 3.000 empleos  y reducir el 26% las emisiones de carbono

 

Un claro ejemplo de como se puede cambiar un producto desde su inicio son algunas de las prendas de Ternua, la firma de ropa deportiva ubicada en Arraste-Mondragón. Nueces para introducir tintados naturales de las prendas, plásticos recogidos en el océano y redes reutilizadas de pescadores para hacer tejidos más resistentes o lana desechada de ovejas para elaborar aislamientos térmicos más sostenibles, son algunos de sus proyectos de economía circular que la están convirtiendo en un referente mundial en este campo. También tenemos ejemplos de colaboración como el proyecto Eko-Koopera, impulsado por la empresa gipuzkoana Eko-Rec y la cooperativa Koopera, que recicla la ropa usada que dejamos en los contenedores y la convierte en moquetas para automóviles.

Este último proyecto nos ayuda a poner sobre la mesa el papel tan importante que la ciudadanía, como consumidores que somos, tenemos en el impulso de la economía circular. El reciclaje de nuestros residuos es quizás el más evidente y necesario. A pesar de lo que pudiera parecer, todavía estamos muy lejos de las cifras europeas de reciclaje en muchos de los residuos. Todos nuestros desechos pueden y deben tener una segunda vida, pero esto no es posible si primero no los separamos bien y los depositamos en los contenedores correctos.

 

Todos nuestros desechos pueden y deben tener una segunda vida, pero esto no es posible si primero no los separamos bien y los depositamos en los contenedores correctos

 

Estos ejemplos son sólo una muestra de como se está impulsando la economía circular en Euskadi, hay más iniciativas como el Circular Basque, la red de innovación impulsada desde Innobasque que pone de manifiesto la enorme oportunidad que supone este tipo de economía para activar nuevos procesos de I+D y también para crear nuevos modelos de negocio alejados de la economía lineal. Innovación e investigación de la que se obtiene importantes fondos europeos, caso del proyecto Reslag de recuperación y reutilización de las escorias de acería. Esta iniciativa, liderada por CIC energiGUNE, el centro de investigación sobre almacenamiento de energía ubicado en el Parque Tecnológico de Álava, acaba de presentar unos resultados que, tras más de 4 años de trabajo, pueden ayudar a evitar que más de 3 millones de toneladas de residuos de acería acaben en los vertederos.

Afortunadamente, hay muchas más iniciativas privadas, públicas y mixtas empeñadas en impulsar la economía circular en nuestro territorio. Una muestra son los 26 proyectos ganadores del último Programa de Ecoinnovación en Economía Circular de Ihobe. Trabajos que abarcan desde el ecodiseño de equipos, componentes y movilidad, la remanufactura y modelos de negocios circulares o los plásticos hasta los metales claves o los minerales y materiales de construcción.

El pasado domingo se celebró el Día Internacional de los Bosques y el lunes el Día Mundial del Agua, dos de los recursos naturales que más han sufrido nuestro modelo tradicional de la economía lineal. Dejémosles volver a empezar, volver a recuperar sus dominios, ejercitemos nuestro pensamiento circular. Hoy es tan buen día como cualquier otro para volver a empezar.

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