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La crisis sanitaria y económica generada por la Covid-19 está tomando unas magnitudes que no somos capaces, aún, de calibrar. Ya hemos aprendido que más fuertes no vamos a salir. Por ahora solo estamos más divididos, y no tiene visos de mejorar la colaboración y la solidaridad entre partidos y territorios.

De la crisis anterior salimos con un incremento considerable de la desigualdad social, y en esta ya tenemos una enorme desigualdad generada por el coste directo de la pandemia en diferentes personas y colectivos.

En esta ocasión hay cosas que se están haciendo mejor que en la anterior, especialmente con la fórmula de los ERTE, que da amparo a trabajadores que de otro modo estarían ya despedidos, y con ayudas al pequeño negocio. Es verdad que estas ayudas se han convertido en un laberinto por la intromisión de todas las administraciones queriendo sacar cabeza, pero todas tienen un vicio común, la incapacidad de tramitar de tiempo y forma las ayudas ofrecidas.

Cuando el impacto económico es tan brutal, estamos aburridos de oír que es la peor crisis desde la Guerra Civil, no se están tomando medidas para hacer frente de forma colectiva a los costes producidos, dicho de otra manera la forma de repartir costes frente a la pandemia se está haciendo de forma totalmente insolidaria con los más afectados y muy injusta.

Es verdad que el objetivo de preservar la salud pública autoriza a los poderes públicos a tomar medidas restrictivas en sectores y territorios.

Ya hemos aprendido que más fuertes no vamos a salir, por ahora, solo estamos más divididos

El cierre radical de negocios y restricción de actividad es lo que materialmente más se parece a una expropiación forzosa por razones de interés general. Y sí, la Constitución permite la expropiación, pero prohíbe taxativamente la requisa; si hay razones de interés general para la expropiación, debe pagarse el justiprecio correspondiente. Y este hecho podría provocar la presentación masiva de demandas de responsabilidad económica antes las diferentes administraciones por los sectores más afectados, turismo, hostelería, comercio, etc. Veremos qué posición adoptan los jueces.

Las restricciones a la libertad de actividad económica son de tal calibre, que pagar el justiprecio correspondiente a todos los afectados se hace imposible. Eso es una cosa, y otra diferente repartir  todo el coste de la inactividad exclusivamente sobre los hombros de los afectados.

Hay una palabra que me gusta y suena a reparto equitativo del esfuerzo; la derrama, la división entre personas o entidades para hacer frente a un gasto extraordinario.

Los costes económicos de la pandemia debieran tratarse como un todo colectivo. Algo que nos incumbe a todos y entre todos debemos, o debiéramos, repartir la derrama correspondiente. Y no es así. Hay millones de personas que ya están pagando de forma desproporcionada su parte de la derrama, cientos de miles de trabajadores en ERTE no se encuentran en una situación muy envidiable, de entrada, se les reduce un 30% su salario y muchos perderán su empleo cuando termine su situación. A los propietarios y, también a sus trabajadores, que se les impide la actividad económica, directamente se les corta la posibilidad de ingresos.

Hay una palabra que me gusta y suena a reparto equitativo del esfuerzo; la derrama, la división entre personas o entidades para hacer frente a un gasto extraordinario

Y dígase lo que se diga, sólo hay dos formas de repartir de forma equitativa y colectiva el impacto económico: a) Resarcir, en la medida de lo posible, a los que les impide la normal actividad económica. Y, b) requerir a los no afectados que aporten su parte proporcional para hacer frente  las compensaciones. Y, sí, estoy planteando crear tramos finalistas temporales en algunos impuestos para hacer frente a los gastos de la covid-19. Nada más escribir la frase, ya oigo al neoliberal alarmado diciéndome: “Pero hombre., cómo se te ocurre. Ahora los que es más urgente es reactivar la economía, impulsar el consumo. Si hay que subir impuestos se podrá hacer cuando mejore la economía nacional” Sí, ya. Eso dígaselo a los cientos de miles que se están arruinando por necesidades de interés general, no por su mala gestión.

Al progre tampoco le gusta la idea, sobre todo si no es de los afectados, y me dirá. “Hombre, que tenemos un gobierno progresista. Que ahora no es como en la crisis de la austeridad de Rajoy. Hacemos frente a la situación con fiscalidad expansiva. Nunca va a estar tan justificado como ahora el aumentar la deuda pública”.

Estoy planteando crear tramos finalistas temporales en algunos impuestos para hacer frente a los gastos de la Covid-19

Yo les contesto, planteo la creación de tramos fiscales temporales y resarcir a los afectados por razones de solidaridad social. Para que la derrama de la covid-19 sea más equitativa. No estoy en contra de ampliar la deuda si se utiliza para crear economía futura, cosa, que visto lo visto no parece muy seguro. Por ahora, los fondos europeos parecen trozos de pan que se repartirán a mordiscos entre territorios y partidos.

Y subir, por ejemplo dos puntos de forma temporal el IRPF, para repartirlo entre los que se están quedando sin nada, no es detraer el consumo, sino cambiar las manos del consumidor.

Me parece que esta desigualdad en el reparto frente a la Covid-19 está generando un enorme malestar entra la población afectada. Un malestar que explotará, como explota el agua aprisionada; por las rendijas más inesperadas.

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