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Demasiadas lágrimas para soportarlas

Este lunes fue uno de esos días en que los concursantes parecen no saber adónde han ido. Episodio trágico para el equipo verde, que pierde a Leire por abandono y a Ohiane por eliminación

Ohiane, desconsolada con su eliminación.
Ohiane, desconsolada con su eliminación.

Llorar y llorar y, de postre, más llorar. Demasiadas lágrimas y demasiadas quejas y demasiada indignación vimos este lunes en 'El Conquistador del Caribe'. Fue uno de esos episodios en los que parece que los concursantes, pese a haber visto diecisiete ediciones previas, no saben adónde han ido. Fue también un día trágico para las verdes, que pierden a Ohiane por eliminación y a Leire por abandono. 

Empezó la cosa con un duro juego de inmunidad que originó todo el espectáculo lacrimógeno ya citado. Había que remar en un cayuco, nadar hasta otro lugar y allí los elegidos de cada grupo, primero, y sus capitanas, después, tenían que trepar hasta conseguir la victoria. No podemos cansarnos de repetir que son estas competiciones exigentes las que entretienen y cautivan al público de este programa. Porque la verdad es que la prueba era de esas que causan afición a 'El Conquis'. Emoción a raudales en una pelea titánica.

Gracias al trabajo previo de su equipo la capitana roja, Andrea, tenía todas las de ganar y, de hecho, llegó la primera hasta arriba, pero fue incapaz de desenganchar el mosquetón de la ikurriña. Le alcanzó poco después la líder de las verdes, Nahia, que se puso a pugnar por llevarse la enseña. Y cuando ambas seguían enredadas apareció la capitana de los azules, Bego, que fue más astuta que sus contrincantes. Como a las tres no les parecía buena idea liarse a mamporros para ver quién ganaba desenganchando la bandera, acordaron extraer juntas el mosquetón. Triple empate, juego nulo y cada equipo al campamento de donde provenía hasta que una prueba posterior decidiera el ganador. O sea, lo mismo que se hace siempre en estos casos

Sin embargo, los equipos rojo y verde no asimilaron bien la decisión salomónica del programa. El enfado cundía sobre todo entre las Atabey, el conjunto de las chicas. Ahí empezaron los lamentos que se hicieron eternos. Tanto lloraron y tanto se quejaron que hasta Leire, una de las concursantes que más polémica ha generado en lo que va de edición, decidió marcharse a casa porque decía estar "indignada" y porque "sé que puedo sufrir más pero no me apetece sufrir, porque yo no he venido a sufrir".

¿Entonces a qué has ido a un programa de supervivencia? ¿A bailar salsa? ¿A contar chistes? Es de traca, pero ocurre casi todos los años, acaso, me barrunto, porque a los concursantes el programa les parece una cosa cuando lo ven desde el sofá y otra cosa bien distinta cuando lo padecen en sus carnes. El caso es que nadie lloró en exceso el abandono de Leire porque en su equipo no era la más popular, por decirlo suavemente. Otras dos de sus compañeras también amenazan con largarse, así que el panorama de las verdes empieza a ser verdaderamente dramático...   

Entre tantos lloros a los espectadores casi se nos olvida que para acabar el capítulo todavía quedaba la prueba que decidiría quién ganaba y también quién se iba a casa. Se presentaron voluntarios para la batalla Iker, de los rojos, y Koldo, de los azules, que aspiraban a vencer con mucha confianza, y entre las chicas designaron a Ohiane, acaso la más fuerte del equipo. El juego era un clásico del programa: autoascensión, que consiste en subir por una cuerda a pulso para bajar cuatro banderines que están colocados a diferentes alturas. Iker evidenció que tenía motivos para la confianza porque arrasó de forma insultante; Koldo cumplió al lograr tres banderines y, lo que son las cosas, Ohiane, supuesta experta en ascender con cuerdas, solo obtuvo uno. Así las cosas, la concursante verde quedó expulsada.

Otro mar de lágrimas. La eliminada estaba tan desconsolada que contagió a su capitana, que tampoco podía contener su emoción porque perdía a una de las mejores y quizás también porque en su equipo huele a hundimiento. Veremos si las verdes se sobreponen o se vienen abajo definitivamente, pero esperemos, por su propio bien como concursantes y por el nuestro como espectadores, que se lo tomen con más calma. Porque tanta lágrima es imposible de soportar.     

 

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