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EH Bildu enarbola la bandera de los derechos sociales una década después de su nacimiento

En diez años la coalición ha diseñado un discurso social y ha logrado rivalizar con el PNV en Madrid, pero su debilidad sigue siendo su eterna resistencia a romper con el pasado

El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, en una imagen de archivo. UNANUE (EP)
El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, en una imagen de archivo. UNANUE (EP)

Un nuevo tiempo se abría en Euskadi hace justo una década. Bildu se registraba como partido en Pamplona, y ETA, acuciada por una intensa presión policial, judicial y social, estaba a seis meses de anunciar el fin de la lucha armada. Con Otegi por entonces en la cárcel, la izquierda abertzale ya había concluido que la violencia terrorista no conducía más que a su propio fracaso. Este sábado 3 de abril, EH Bildu estrena, precisamente en Pamplona, 'Hamar urte baino ez', un documental sobre los diez años de vida de la coalición, articulado en base a entrevistas realizadas a significativos dirigentes abertzales. Una década después de su nacimiento, EH Bildu se ha consolidado en las urnas como la alternativa nacionalista al PNV en Euskadi, ha construido esta legislatura su propio marco de partido útil e influyente en Madrid, y sin ocultar su aspiración independentista, ha priorizado el diseño de un discurso político centrado en los derechos sociales, para evitar que una parte de su electorado se sienta tentada por votar a Podemos.

Hace una década nacía la coalición Bildu. Su hoy coordinador, Arnaldo Otegi, permanecía en la cárcel. Otegi estaba entonces a punto de explicar, en la Audiencia Nacional -donde estaba siendo juzgado por el caso 'Bateragune'- que el atentado de la T-4 en Madrid había actuado como "punto de inflexión" en la izquierda abertzale. Segó la vida de dos personas y dinamitó el proceso de negociación entre ETA y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. "Nosotros no compartíamos ya que la utilización de la violencia produjera efectos políticos", aseguró Otegi . "Con una bomba de ETA perderíamos nuestra credibilidad durante generaciones", advirtió en la Audiencia Nacional. ETA anunció su final seis meses después, en el mes de octubre, y una nueva realidad se abría en Euskadi, marcada por 43 años de violencia terrorista. Desde entonces, EH Bildu ha ido construyendo su propio marco político, manejando sus propios tiempos a la hora de hacer una revisión crítica de su pasado. En la coalición destacan hoy que son cinco sus señas de identidad: la "pluralidad" en su seno, la vocación de "ampliar" sus bases sociales, convertirse en un partido de gobierno "pero también de Estado", ser coherente entre lo que dice y hace, y mantenerse al margen de cualquier caso de corrupción.

Para conseguir los dos primeros puntos ha diseñado una estrategia política acorde con los tiempos: incluir en su agenda diaria temas como el empleo, la educación y la sanidad vascas, una constante en sus mociones e iniciativas durante la actividad parlamentaria, en detrimento de sus reivindicaciones más soberanistas. La crisis ha situado las prioridades de la gente en el campo social, y EH Bildu ha sabido leerlo, sobre todo después de que en 2016 Podemos se convirtiera en un fenómeno político en Euskadi con un discurso social que ilusionó a los votantes de izquierdas. La formación morada obtuvo 11 parlamentarios en las elecciones autonómicas de ese año (EH Bildu obtuvo 18) y llegó a ganar las elecciones generales en el País Vasco, superando con 6 escaños tanto al PNV (5), como al PSE (3) y EH Bildu, que se quedó en dos. La coalición abertzale había perdido fuelle tras su irrupción meteórica en las elecciones municipales de 2011, unos comicios en los que obtuvo más concejales que el PNV, y tras los cuales alcanzó el poder en la Diputación de Gipuzkoa, y el Ayuntamiento de San Sebastián. Pero el desgaste vivido por la coalición tras pasar por estos gobiernos, sumado al 'efecto Podemos', redujo sus apoyos cuatro años más tarde (de 21 parlamentarios pasó a 18 en 2016). EH Bildu supo sin embargo insistir en su estrategia. No cambió el rumbo. Ha seguido articulando un discurso social, semejante en muchos casos al de Elkarrekin Podemos, logrando que una buena parte de los votantes que un día se fueron a la formación morada, hayan vuelto a la coalición abertzale.

Competencia al PNV en el Gobierno central

La tercera de sus cinco señas de identidad, la de ser un partido con "vocación de Estado", la ha forjado en la presente legislatura. El apoyo de EH Bildu a los Presupuestos Generales del Estado (PGE) fue más que un titular. Representó el nuevo marco político que ha construído EH Bildu para la actual legislatura: la de una formación política que influye en Madrid, un papel, el de la interlocución nacionalista vasca con el Gobierno central, que hasta la fecha se había atribuido en exclusiva el PNV. Este posicionamiento abertzale fue una declaración de intenciones: dejar claro que pretende convertirse en un partido útil para Euskadi, ser un interlocutor fluído del Gobierno de Pedro Sánchez, una función que socialmente siempre se le ha atribuido al PNV, hasta la fecha el socio vasco preferente en Moncloa. El apoyo a los Presupuestos del Gobierno le ha servido también para defender la seña identitaria de la coherencia. Ante las críticas de los jeltzales, que acusaron a la izquierda abertzale de incoherente por apoyar unos presupuestos que destinan, por ejemplo, partidas para la Casa Real, o para la Guardia Civil en Euskadi, Otegi remarcó, una y otra vez, el marco de "coherencia" en el que dice moverse la izquierda abertzale. "Hemos sido coherentes; estuvimos en el bloque que posibilitó la investidura de Sánchez y en el Gobierno de Unidas Podemos con Pedro Sánchez", ha asegurado Otegi. "Había que parar a la derecha y hoy decimos que hay que mantener abierta esa ventana". "EH Bildu dice lo que hace y hace lo que dice", subrayó.

Una década después de su nacimiento, la debilidad política de la coalición abertzale sigue estando en su eterna resistencia a romper con su pasado más tétrico. El uso retorcido de la dialéctica para evitar una condena rotunda del pasado terrorista. El camino ético que todavía le queda por recorrer ha quedado patente, recientemente, con las mociones promovidas por entidades sociales que trabajan por la convivencia en Euskadi para acabar con las bienvenidas a los presos de ETA en espacios públicos, los conocidos 'ongi etorris'. EH Bildu volverá a quedarse sola y votará en contra de ellas cuando se planteen en los ayuntamientos vascos. La izquierda abertzale ha optado por manejar sus propios tiempos para no abrir una herida en el interior de la coalición. Saben que este tipo de recibimientos en espacios públicos no encajan en un marco social que apueste por la convivencia en Euskadi, pero EH Bildu todavía debe medir cada palabra en público en un momento en el que el colectivo disidente más radical y minoritario, Amnistia Ta Askatasuna (ATA), presiona en las calles tratando de apoderarse de un elemento clave en la movilización de sus bases: los presos.

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