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El PP vasco y la difícil tarea de recomponer su espacio

Con Iturgaiz al frente los populares llegaron a ser la segunda fuerza del Parlamento Vasco, ahora, con el mismo presidente, son la quinta y miran a Cs y a Vox para captar los apoyos perdidos

Cuando Pablo Casado colocó de nuevo a Carlos Iturgaiz al frente del PP vasco en  2020 buscaba probablemente un giro al pasado que permitiera a los populares vascos recuperar la representación de tiempos anteriores.

Iturgaiz presidió el PP vasco entre 1996 y 2004, época en la que encabezó la lista popular al Parlamento vasco en 1998 con un gran éxito electoral, convirtiendo al PP por primera vez en la historia en la segunda fuerza política en la Cámara vasca por detrás del PNV.

El PP consiguió repetir resultado en los siguientes comicios con Jaime Mayor Oreja como cabeza de cartel. Con María San Gil pasó al tercer puesto. A partir de ahí, siempre hacia abajo. Y el retorno de Iturgaiz no consiguió dar la vuelta a la caída libre, más bien al contrario, pese a que concurrieron a las elecciones de 2020 en coalición con Ciudadanos. 

Ahora son la quinta fuerza del Parlamento Vasco y han perdido el poder que tuvieron antaño en Álava y Vitoria, donde llegaron a ocupar varios años el poder en la diputación foral y en el Ayuntamiento y buscan un camino que les permita poder recuperarse antes de enfrentarse a un nuevo fracaso electoral.

Carlos Iturgaiz destaca siempre la necesidad de aglutinar el voto de la derecha y que no se disperse. Esa fue uno de los motivos de que el PP concurriera a las elecciones con Cs, y de que, rotas ahora las posibilidades de repetirse esa coalición por las desavenencias entre ambas formaciones a nivel nacional, estén intentando captar la militancia y los votos, que probablemente se les fueron antes a la formación naranja.

La marcha del parlamentario Luis Gordillo del Cs al PP ha sido el ejemplo de ese trasvase de apoyos perdidos a favor de la formación naranja, que los populares confían en que consolide de nuevo el partido. 

Aunque desde Cs aseguran que la marcha de Gordillo ha unido más al partido y que no ha habido más 'fugas' de militantes, lo cierto es que la formación que dirige en Euskadi José Manuel Gil,  ha quedado fuertemente tocada, con una presencia prácticamente testimonial. Eso puede beneficiar claramente al PP que, pese a ello, debe lidiar todavía con la presión que le ejerce Vox en Álava, y con el posible "voto útil" pueda irse al PNV ante el peligro de ascenso, por ejemplo de EH Bildu, o de posibles alianzas de izquierdas. 

Pérdida de influencia

La mayoría absoluta del Gobierno vasco en el Parlamento hace innecesario su pacto con cualquier partido de la oposición y esto afecta de forma más negativa a los partidos con menor representación, que como el PP, en otras legislaturas se han convertido en piezas necesarias en las aprobación de leyes o presupuestos, y han rentabilizado de esta forma su escasa representación. De hecho, el PP ha aprobado en varias ocasiones las cuentas del Gobierno del PNV.

Ahora no es el caso. El PP todavía no ha presentado al consejero de Economía y Hacienda, Pedro Azpiazu, una propuesta de modificación presupuestaria -algo que sí han hecho ya Bildu y Elkarrekin Podemos- quizá conscientes de las pocas posibilidades que hay de que socialistas y nacionalistas acepten sus enmiendas, máxime cuando todo parece indicar a raíz de sus declaraciones tras la primera ronda negociadora que las propuestas que hagan estarán marcada por las exigencias fiscales, que el Gobierno ya ha descartado como materia de negociación.

Con poca capacidad de influencia y poca representación, los populares no tienen fácil la búsqueda de espacio, más aun cuando están muy condicionados por la estrategia nacional del partido que dirige Pablo Casado, que con la vuelta de Iturgaiz buscó afianzar el ala más dura de la formación en Euskadi, quizá en un intento de cortar las posibilidades de Vox. Una pretensión que tampoco cuajó, porque la formación de extrema derecha consiguió un escaño por Álava.

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