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La sociedad afronta desorientada en Euskadi una pandemia desbocada en plena cuarta ola

En un clima de incertidumbre y mensajes contradictorios, Urkullu deja pasar los días sin tomar nuevas medidas mientras dirige la responsabilidad al Gobierno de Pedro Sánchez

El lehendakari Iñigo Urkullu, junto a la consejera de Salud, Gotzone Sagardui, en una imagen de archivo. EFE
El lehendakari Iñigo Urkullu, junto a la consejera de Salud, Gotzone Sagardui, en una imagen de archivo. EFE

Con la pandemia desbocada en Euskadi, el lehendakari Iñigo Urkullu ha descartado este martes endurecer las medidas que permitan frenar la propagación del virus en nuestra comunidad. Un día después de pedir al Gobierno de Pedro Sánchez que prorrogue el estado de alarma más allá del 9 de mayo, el lehendakari ha optado, sin embargo, por dejar pasar los días y no adoptar nuevas decisiones en plena cuarta ola, con la ocupación hospitalaria en aumento, las ciudades de Bilbao y Vitoria confinadas, y los territorios de Gipuzkoa y Álava cerrados (en la práctica, también Bizkaia). Aunque todo podría cambiar el próximo jueves tras una nueva reunión del LABI. En este clima de incertidumbre y mensajes contradictorios, donde la responsabilidad en la gestión de la crisis sanitaria parece situarse allí donde no llega el ámbito autonómico de actuación, la ciudadanía vasca se enfrenta desorientada y cansada a una pandemia que se prolonga ya más de un año y cuyo horizonte, a corto plazo, se presume "preocupante", tal y como ha reconocido este mismo martes la consejera de Salud, Gotzone Sagardui.

Siempre a remolque del impacto del coronavirus, el Gobierno vasco ha descartado, de momento, aplicar nuevas medidas restrictivas en Euskadi. No lo hará a pesar de que la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) duplica en la actualidad la media española en número de infectados por cada 100.000 habitantes (420 frente a los casi 200 en el conjunto del país), superando incluso a la comunidad de Madrid, donde no han cerrado su hostelería en ningún momento, según los datos oficiales ofrecidos por el departamento de Salud y el Ministerio de Sanidad. En este desconcertante contexto, donde el equilibrio entre mantener con vida la economía y frenar la propagación del virus genera en ocasiones actuaciones contradictorias (por ejemplo, acaban de ponerse en circulación casi medio millón de bonos descuento para la hostelería y el turismo, mientras se pide a los ciudadanos que reduzcan su movilidad y los contactos), Urkullu sigue mirando al Gobierno de Pedro Sánchez. Ha vuelto a pedir la prolongación del estado de alarma, como también ha hecho su partido, el PNV, a pesar de que en 2020 pidió hasta en dos ocasiones que se levantara, exigiendo "menos tutelas" para pilotar la desescalada. Algunos dirigentes jeltzales veían por entonces "un 155 encubierto" tras el estado de alarma. Hoy piden al presidente Sánchez que lo prolongue.

Del abrazo con Revilla a la vacunación

Con los periodos vacacionales ha quedado en evidencia que el peso de la economía ha estado casi siempre por encima de las recomendaciones sanitarias de expertos como Rafael Bengoa, que pidió que no se intentara salvar la Semana Santa, tal y como se había hecho previamente con el verano y la Navidad. El Gobierno vasco optó por quedarse a medio camino, pidiendo prudencia a la ciudadanía mientras permitía la salida del territorio a todas aquellas personas que ya tenían reservas programadas de antemano en alojamientos turísticos. Urkullu, que en 2020 animó a los vascos a salir de vacaciones de Euskadi con su ya famoso abrazo a Miguel Ángel Revilla en Kobaron (el día en el que se permitió la movilidad con Cantabria), intuye ahora que las medidas para este verano serán "mas estrictas" que las del pasado. Pero ocurre que la pandemia ha pasado factura emocional a la población y, hoy por hoy, resulta "evidente que se está produciendo una falta de respeto a las normas", tal y como ha reconocido recientemente el portavoz del Gobierno vasco, Bingen Zupiria, en una entrevista concedida al diario 'El Correo'.

El futuro pasa ahora por una vacunación rápida y masiva en Euskadi. Pero también en este campo sanitario la gestión ha presentado lagunas, según los partidos de la oposición. La comunidad vasca, que ha ido a la cola de España en el ritmo de vacunas inoculadas, solo ha salido de esta situación después de que el departamento de Salud decidiera sacar de los almacenes la vacuna de AstraZeneca, inyectando todo el estocaje de esta marca farmacéutiva para adaptar una estrategia siempre cuestionada por el Parlamento. Mientras otras comunidades autónomas decidían pinchar todas las dosis que les iban llegando, Osakidetza se mantuvo siempre firme en la guarda de vacunas, regulando su inoculación en función del flujo de llegada. Los 'vacunódromos' y AstraZeneca han permitido que Euskadi ascienda posiciones y se situe en quinto lugar en el ránking español de vacunación, con el 7% del total de la población vacunada con las dos dosis, y el 20% con la primera.

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