Un grupo de jvenes juega a cartas / PEXELS

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¿Son los 30 los nuevos 20?

La transformación económica, social y cultural de la sociedad actual ha modificado ciertos patrones de comportamiento en clara confrontación con el reloj biológico

1 septiembre, 2022 12:41

La de que los 30 son los nuevos 20 es una frase tan manida como la que dice que la edad es un estado de ánimo, o que se lleva en el espíritu y no en el DNI. Pero, al margen de lo que nos digan cada vez que cumplimos años, para aliviar la carga del inexorable paso del tiempo, hay un profundo cambio social detrás.

Un profesor estadounidense, Jeffrey Arnett, hablaba de la “adultez emergente”. Es un momento de transición entre la adolescencia y la adultez plena, que generalmente se sitúa entre los 18 y los 30 años. ¿Qué consecuencias tiene?

¿Por qué los 30 son los nuevos 20?

Hay un hecho incontestable, y es que aquellas tareas y roles que nuestros padres asumieron con menos edad, en la década de los 20 se están retrasando. Se debe a diferentes causas, principalmente la económica, pero también sociales y culturales.

La dificultad de acceder al mercado laboral

En 2015, un informe de Adecco indicó que la franja de edad en la que es más fácil acceder al mercado laboral es la que va de los 31 a los 35 años, pues concentra el 28% de las vacantes de empleo. Cuatro años antes, y como sucedía en toda la serie estética, esa franja se situaba entre los 26 y los 30 años, lo que indica que se busca más madurez entre los candidatos. Lo que se traduce también en más formación y más experiencia.

Otro dato significativo, este de la OCDE, es que los jóvenes españoles tardan seis años en encontrar un empleo indefinido, frente a los dos años que necesitan otros jóvenes europeos como los daneses. Así, mientras que en otros lugares los contratos temporales son solo el paso previo hacia el contrato fijo, en España es posible que los jóvenes se queden atrapados en una sucesión de contratos temporales.

La independencia

Según datos de 2021 de Eurostat, los jóvenes españoles se emancipan con una media de 29,8 años, que son casi los 30. Es una media de edad que supera con creces la europea, que se sitúa en los 26,5 años. En Suecia, por ejemplo, lo hacen a los 19 años.

El dato ha permanecido prácticamente invariable durante los últimos 20 años, lo que está relacionado con la falta de estabilidad laboral que ya señalábamos. Y que contrasta con el coste de la vida. Según datos de Bankinter, el precio del alquiler ha subido un 5,6% en el último año.

Sexo, relaciones y familia

Mientras que boomers y generaciones anteriores llegaban casados a los 30, muchos incluso con uno o dos hijos ya en el mundo, la unión matrimonial está hoy muy lejos de los planes de los veinteañeros. Las bodas se celebran pasados los 30 y, según el INE, la media de edad a la que las españolas se convierten en madres ha subido hasta casi los 32 años.

Cuando llega el momento de estabilizarse y plantear un futuro común, muchas personas se dan cuenta de que la persona con la que mantienen una relación de pareja no es la adecuada. Puede tratarse de miedo al compromiso, de diferente grado de madurez emocional o de que no comparten un horizonte común.

Los hábitos sexuales también han ido cambiando. Según un estudio que hizo la marca Control, el 63,6% de los jóvenes españoles mantiene relaciones sexuales una o menos de una vez a la semana. Es cierto que al 77% le gustaría tener más sexo, aunque hoy día existen toda una serie de estímulos que llaman a la autoexploración y a la independencia sexual, del vibrador anal al famoso Satisfyer.

No hay más que echar un vistazo a la amplísima variedad de juguetes sexuales que ayudan a alcanzar el placer sexual de un modo muy diferente al tradicional, en el que la otra persona se concebía como imprescindible. Puedes verlo en https://www.easytoys.es/. Muchas de las personas que prefieren el sexo en pareja o grupos de personas, sea con juguetes o sin ellos, solo conciben la unión esporádica. 

La estética

La estética también ha cambiado. Los trabajos ya no son tan físicos y, dado que responsabilidades que desgastan mucho se han retrasado (como la maternidad), mujeres y hombres se ven igual de bien a los 30 que a los 20. Incluso más, porque han alcanzado madurez suficiente como para saber qué quieren, y han explorado para conocer qué les sienta bien.

Se sienten jóvenes y quieren verse jóvenes, y la moda y la cosmética se ponen al servicio de sus propósitos.

¿Por qué los 30 no son los nuevo 20?

Aunque el cambio económico, social y cultural es evidente, y ha cambiado los patrones, el cambio biológico no lo es. Es decir, mientras intentamos convencernos de que seguimos siendo jóvenes y aún tenemos tiempo para emprender proyectos personales de calado, el reloj biológico nos mete prisa.

El desarrollo no se pausa. Los momentos clave de la vida siguen teniendo lugar hacia la mitad de la treintena. Los primeros años de la carrera profesional pueden tener un impacto exponencial en el resto de nuestra vida. El cerebro terminó su crecimiento sobre los 20 y la personalidad está formada. La fertilidad ha alcanzado su punto cumbre a los 28.

Algunos expertos hablan de infantilización de los adultos jóvenes, y lo cierto es que los mensajes con tonos irónicos sobre una vida despreocupada a los 30 que tomarse a risa esconden algo detrás. Desde luego, la falta de perspectiva profesional, la dificultad de alcanzar un puesto acorde la formación o la experiencia o el incremento del coste de la vida no son algo que tomarse a broma.

Lo peor es que esa infantilización puede retrasar la toma de decisiones de calado que luego provocará mucha frustración. Ser conscientes de que el tiempo pasa no tiene que provocar desasosiego, sino motivarnos a tomar decisiones que nos pongan en el camino que queremos. 

Es momento de tomar acción y no planificar, sino actuar. Es el momento de cambiar de carrera si la tuya no te motiva, de romper la relación de pareja si ya no estás bien y, en definitiva, de hacer cambios de calado que atraigan otros cambios.

Así que, en conclusión, los 30 son los nuevos 20 porque el contexto social nos fuerza. Pero, dado que el reloj biológico no se para, hay que ser responsables con las decisiones para que luego no aparezca la frustración.

 

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