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Cómo proteger de las infecciones a los recién nacidos

Los bebés tienen un sistema inmunológico poco desarrollado y son más susceptibles a la acción de virus, bacterias y hongos

Bebé recién nacido.
Bebé recién nacido.

Los niños pequeños por debajo de los tres meses de edad y, en particular, los recién nacidos que aún no han cumplido su primer mes de vida son especialmente vulnerables a las enfermedades debido a la inmadurez de su sistema inmunitario. La falta de defensas propia de su corta edad les hace especialmente susceptibles a ciertos trastornos debido a que son más sensibles a los agentes infecciosos, y también por sus hábitos poco higiénicos, como compartir chupete o juguetes que previamente se han llevado a la boca.

A pesar de los anticuerpos maternos que reciben a través de la placenta y de la leche materna, es recomendable tomar una serie de medidas para minimizar el riesgo de que enfermen. Hay que tener en cuenta que durante este período de vida algunas infecciones pueden estar causadas por bacterias, virus u hongos, se propagan con rapidez y pueden llegar a ser graves.

Reducir los contactos

Por ello, el servicio de Pediatría y Neonatología del Hospital Quirónsalud Bizkaia y el Centro Médico Quirónsalud Plaza Euskadi, expone una serie de recomendaciones para incrementar el nivel de protección del recién nacido. Para empezar, es recomendable limitar el número de visitas. De esta forma, se reducen las posibilidades de que las personas que acudan a ver al bebé puedan transferirles algún virus o contagiarles alguna enfermedad.

Tan importante como minimizar su exposición a los contagios es optimizar la higiene de manos. Conviene que cualquier persona que vaya a manipular al recién nacido previamente se lave las manos con agua y jabón o mediante el uso de soluciones hidroalcohólicas. Este apartado incluye a los padres, hermanos y cuidadores en general.

Máximos cuidados en casa

La vivienda familiar no está exenta de ciertas actuaciones que salvaguarden la salud del bebé.  Se recomienda que el neonato esté en una habitación distinta a las de sus hermanos. Es también recomendable que acostumbremos a los hermanos mayores a realizar el lavado de manos y a no besar al bebé de cintura para arriba, sobre todo si están o han estado enfermos en días previos. También es aconsejable utilizar pañuelos desechables.

En caso de que alguno de los cuidadores esté enfermo y no pueda evitarse el contacto con el recién nacido, se recomienda el uso de mascarilla quirúrgica. A su vez, se recomienda la vacunación antigripal anual a todos los convivientes y cuidadores. Hay que tener en cuenta que los niños pequeños no pueden recibir esta vacuna antes de que cumpla los seis de meses de edad.

Tolerancia cero con el tabaco

A su vez, es vital alejarles del radio de acción del tabaco. La exposición al humo se ha relacionado con el empeoramiento de cuadros respiratorios en los niños pequeños, como es el caso de la bronquiolitis. Tampoco está de más distanciar a la criatura de lugares donde se produzcan aglomeraciones de gente o con escasa ventilación, como bares, autobuses, centros comerciales.

Por último, es preferible que el niño no vaya a la guardería durante su primer año de vida. De este modo, se evitará que pueda entrar en contacto con otros pequeños susceptibles de contagiarle alguna enfermedad.

Vigilancia y control

Aun así, y pese a cumplir estas recomendaciones a rajatabla, no es extraño que el bebé pueda enfermar. En el caso de que presente síntomas de algún proceso infeccioso, hay una serie de situaciones que se deben vigilar y controlar para contrarrestar cualquier contratiempo. Uno de los primeros síntomas que alertan de una posible anomalía es que el bebé sufra fiebre alta, superior a los 38ºC. También hay que tener cuidado en el caso de que el llanto o la irritabilidad se prolongue en el tiempo. Tras comprobar que no se debe a gases y se la ha cambiado el pañal, se aconseja llevarlo a un centro médico para descartar cualquier alteración en su organismo.

El rechazo del alimento de forma continuada es también un motivo de preocupación, del mismo modo que la tendencia al sueño continua. Los recién nacidos y niños pequeños suelen dormir muchas horas pero si en los ratos que está despierto tiende a dormirse, es preferible consultar al pediatra. También hay que llevarlo con prontitud al médico si padece dificultad al respirar, se le ven claramente las costillas y se observa con nitidez la diferencia entre el abdomen y el pecho, o silba cuando respira.

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