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Imagen antigua panorámica de los Altos Hornos de Bizkaia.

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La siderometalurgia: el pilar fundamental de la economía vizcaína que murió con la globalización

Zuriñe Gómez Camacho

Empleo, Inclusión Social, Igualdad Diputación de Bizkaia. / DFB

Remontarse a época romana

La siderurgia en Bizkaia se remonta a siglos y siglos de historia y se convirtió en el pilar fundamental que sostuvo la economía. Concretamente, para ver sus inicios habría que echar la vista atrás hasta la época en la que los romanos conocieron y explotaron algunas de las minas de hierro de la zona y que, además de plata y plomo, extraían hierro de Arditurri, en Oiartzun. Desde ahí, la historia de la zona estuvo inevitablemente ligada a este material.

Bizkaia siempre ha contado con las dos condiciones necesarias para obtener hierro: minas y bosques. Posteriormente en la Era Moderna fue necesaria el agua para hacer funcionar la maquinaria, algo que no fue ningún problema por la extensa red hidrográfica de la que se disponía en el territorio.

La primera fase tiene que ver con las llamadas ferrerías en la época romana. En aquel momento, los trabajos se realizaban al aire libre con la ayuda de hornos semi excavados en la tierra, hasta que más tarde, ya cerca de la Baja Edad Media, se introdujo el agua para aprovechar los saltos del cauce y así mover martinetes y fuelles. Estos sistemas son considerados las primeras ferrerías hidráulicas.

Sin embargo, aunque los avances iban llegando, el momento clave y de mayor explotación de la siderurgia no llega hasta mediados del siglo XIX cuando se da el salto definitivo de abandono de las manufactureras tradicionales y se inicia una producción del hierro bajo un sistema de función basado en alto horno alimentado de carbón mineral.

Antiguas minas romanas de Arditurri en Oiartzun. / turismovasco.com
FOTO: Antiguas minas romanas de Arditurri en Oiartzun. / turismovasco.com

Bizkaia, capital de la siderurgia española

En el último cuarto del siglo XIX, Bizkaia experimentó un notable proceso de industrialización. Aunque el proceso se inicia en la década de 1840, no es hasta 1875 con el final de la Guerra Carlista cuando se acelera para convertir a Bizkaia en la capital de la siderurgia del país gracias al triunfo de la explotación en la Margen Izquierda.

Hubo antes otros intentos, a mediados del siglos XIX, de situar instalaciones siderúrgicas en lugares de Asturias o de Málaga (Marbella), pero finalmente el monopolio de esta actividad industrial se queda en puntos muy concretos como Barakaldo y Sestao.

Este éxito tiene que ver con la conjunción de varias causas. “La principal tiene que ver con la proximidad a un hierro de buena calidad. Además, a partir de 1882 la siderurgia vasca se va a dotar de moderna tecnología belga e inglesa, en especial de la patente Bessemer para España”, explica José Eugenio Villar, vicepresidente de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública. Este sistema llega a Altos Hornos de Bizkaia, la fábrica de la familia Ybarra en Barakaldo que nace en 1902 como resultado de la suma de otras tres compañías que ya existían: Altos Hornos de Bilbao, en Barakaldo; La Bizkaia, en Sestao y La Iberia, también en Sestao. Esta fue la principal siderurgia del país hasta mediados del siglo XX cuando el Franquismo y el Instituto Nacional de Industria empieza a potenciar la siderurgia asturiana a través de la creación de la Uninsa.

El éxito de la Margen Izquierda tiene que ver también con la capacidad de conseguir carbón a un precio razonable de Inglaterra. Aquí entra en juego otra actividad clave para Bizkaia: los astilleros. “Los mismos barcos que exportaban el mineral de hierro a siderurgias inglesas y belgas, volvían con el carbón de los ingleses, lo que les permitía abaratar costes”, explica Villar. Esto lleva a la necesidad y al esfuerzo por adecuar la Ría de Bilbao para que los barcos puedan entrar y salir de la mejor manera y así potenciar los viajes.

 

Panorámica de los Altos Hornos de Bizkaia. / visitbarakaldo.eus
FOTO: Panorámica de los Altos Hornos de Bizkaia. / visitbarakaldo.eus

La financiación y el proteccionismo

La liberalización del sector minero en 1868 con la Ley de Minas facilitó que muchas compañías extranjeras se instalaran en Bizkaia en busca del mineral de hierro vizcaíno, de buena calidad, bajo en fósforo y azufre, y muy adecuado para su conversión en acero mediante el procedimiento Bessemer.

Si bien una parte de los beneficios generados por la explotación del hierro fue a parar al extranjero, un sector de la burguesía local derivó parte de ellos hacia la industria siderúrgica. Gran parte del valor del hierro, entre el 75 y el 80 %, se quedó en Bizkaia y sus beneficios se invirtieron en la siderurgia y en el sector naval y fueron suficientes para autofinanciarse. Además, capitales catalanes, castellanos y madrileños invirtieron también en Bizkaia.

Esta etapa supuso también la consolidación de la gran banca vasca. En 1891 se creó la Bolsa de Bilbao y en 1901 se asistió a un proceso de concentración de los bancos más importantes: el Banco de Bilbao, fundado en 1857, y el Banco de Vizcaya y el Crédito de la Unión Minera, nacidos en 1901.

Sin embargo, poco tardaron en llegar las medidas políticas y arancelarias a finales de ese siglo para proteger el hierro vasco o el cereal castellano entre otros. Los empresarios de la siderometalurgia pronto se dieron cuenta de la enorme dificultad de competir en el mercado exterior y se movilizaron para controlar el mercado español.

La lucha contra el librecambismo y la vuelta al proteccionismo llevó a la burguesía vizcaína a integrarse en un movimiento de alcance nacional, formado por los textiles catalanes y los cerealistas castellanos, logrando del gobierno el arancel proteccionista de 1891, que establecía altos aranceles para los productos siderúrgicos, pero permitiéndole rebajas arancelarias mediante tratados de comercio. Este hecho dio lugar a una gran movilización de los industriales y en 1893 la burguesía vizcaína celebró en Bilbao lo que entonces se definía como un ‘meeting’ protesta. Al año siguiente organizaron la Liga Vizcaína de Productores y lograron en 1896 que se anulasen los privilegios aduaneros ferroviarios para que el hierro extranjero no fuera competente con el vasco.

Interior de los Altos Hornos. / visitbarakaldo.eus
FOTO: Interior de los Altos Hornos. / visitbarakaldo.eus

Llegada masiva de mano de obra que duplica la población

Altos Hornos de Bizkaia fue la gran fábrica de Bizkaia pero no fue la única. Hubo otras como San Francisco de Sestao, también construcción de barcos de casco de acero como Astilleros del Nervión, Astilleros de Sestao o Euskalduna; o metalurgias como Talleres de Miravalles, Babcock & Wilcox, Talleres de Zorroza, General Electric Española o La Basconia.

En el caso de la mano de obra que llegaba a trabajar en la siderometalurgia, era una mano de obra barata, lo que también permitía abaratar costes. “Fue una época de migración hacia la industria, era una mano de obra no muy experta y lo que se hacía era convertir a un agricultor en un siderúrgico. Era lo que se llamaba el ejército de reserva de la agricultura”, explica José Eugenio Villar. El trabajo que desempeñaban requería más de un esfuerzo físico que de una formación, aunque posteriormente sí se crea en 1941 en Bilbao una Escuela de Aprendices que Altos Hornos de Bizkaia instala en Sestao.

Las escuelas de aprendices tienen su origen en la orden del Ministerio de Industria franquista que en 1940 obligaba a la creación de escuelas de aprendices en aquellas fábricas que tuvieran más de 100 empleados. Su finalidad fue la de seleccionar, orientar profesionalmente y formar oficiales en las profesiones básicas de la siderurgia y metalurgia. Había numerosas secciones: carpintería y modelos, ajuste, soldadura eléctrica y autógena, moldeo y fundición, forja y herrería, calderería…

Fruto de todas estas transformaciones económicas, Bizkaia experimentó un importante crecimiento demográfico y a partir de 1877 se dio una auténtica explosión demográfica. A finales de siglo, casi uno de cada tres vascos vivía en la Ría de Bilbao, que se estaba convirtiendo en la zona económica y demográfica más dinámica de Euskadi y de España, y en un área metropolitana de gran influencia en todo el territorio peninsular.

Ahora bien, este gran crecimiento poblacional se dio, en primer lugar, gracias a la fortísima inmigración antes mencionada. A finales de siglo, los inmigrantes representaban alrededor del 76% de la población activa. Al mismo tiempo, supusieron la base humana para el surgimiento de nuevas ciudades en la Ría. En localidades como Bilbao, Barakaldo, Sestao o Portugalete, la población activa inmigrante era absolutamente mayoritaria y en ocho o diez años llegó incluso a duplicarse.

Todo esto coincidió con una época de muchos cambios en el País Vasco y con un sector minero que reclamaba una mejor de sus condiciones que finalmente desembocó en la gran huelga de 1890 y el inicio del movimiento obrero vasco. Además, la ideología de izquierdas se acentuaba y el nacionalismo también, aunque en un primer momento esta corriente política no veía con buenos ojos la Industrialización en Euskadi hasta la llegada de Ramón de la Sota. Bizkaia pasa de una sociedad mucho más rural a un proceso de transformación social hacia la modernización y Revolución Industrial.

Escuela de Aprendices. Taller Mecánico. / Álbum de AHV.
FOTO: Escuela de Aprendices. Taller Mecánico. / Álbum de AHV.

El principio del fin: España entra en la Unión Europea

Pero como toda época de bonanza, llega un punto en el que comienza el declive. Y en el caso de la siderometalurgia vizcaína llega a partir de 1970-1980. Unos años que vienen precedidos de una década de los 60 muy buena con más de 15.000 trabajadoras trabajando en Altos Hornos de Bizkaia.

En los 70 y 80 sigue habiendo cierto proteccionismo pero se juntan dos acontecimientos que impactan con esta industria: la globalización y la crisis del petróleo de 1973, ahí surgen los primeros problemas y Eugenio Villar asegura que el “principio del fin llega con la entrada de España en la Unión Europea en el año 85”.

A esto hay que sumarle una plantilla envejecida que se va jubilando sin una llegada de relevo generacional, lo que hace que la mano de obra desaparezca. Además se hace una inversión muy potente en modernizar los aparatos productivos. Finalmente en 1995 se apagan los hornos altos y llega lo que Eugenio Villar define como la tercera fase de la siderometalurgia. De la primera, la tradicional, de las Ferrerías, se pasa en el siglo XIX a la Revolución Industrial con los Altos Hornos, para finalmente a finales del siglo XX crear la ACB que funciona con otro proceso en el que no se emplea hierro sino chatarra. “Ya no hay hornos altos, y afrontamos esta nueva etapa sin saber lo que nos va a durar”, concluye Villar.

Horno Alto nº 1 de Altos Hornos de Vizcaya, AHV, en Sestao. / FOTO: Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública
FOTO: Horno Alto nº 1 de Altos Hornos de Vizcaya, AHV, en Sestao. / FOTO: Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública