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Asesinato de Isaías Carrasco, 14 años del último golpe de ETA al corazón de los socialistas

En 2008, la banda terrorista mataba a tiros y a la vista de su familia al exedil socialista, que ya no estaba en política y trabajaba en un peaje en Mondragón

Manifestación en memoria de Isaías Carrasco, asesinado por ETA.
Manifestación en memoria de Isaías Carrasco, asesinado por ETA.

El 7 de marzo de 2008 Isaías Carrasco se disponía a ir a su puesto de trabajo como cada día. Era cobrado de peaje en la AP-1 a la altura de Vergara. A eso de la una y media del mediodía, salió de su casa para coger el coche, y apenas unos segundos después, su mujer Ángeles y su hija Sandra escucharon desde dentro de casa lo que pensaron que eran cohetes. Ángeles optó por bajar a Sandra se asomó por la ventana desde la que vio como su padre salía del coche y caía en el suelo mientras otro hombre con un arma huía corriendo. Era Beinat Aguinagalde y, a cara descubierta y disfrazado, acababa de disparar cinco veces a Isaías Carrasco en el tórax, hígado, abdomen superior, cuello, muñeca y antebrazo. Unos disparos que le dejaban tendido en el suelo y negando con la cabeza mientras su familia le decía "vas a salir de esta". Mientras, el etarra escapaba en un coche donde le esperaba otro miembro de la organización.

Carrasco era un trabajador de un peaje que vivía en Mondragon, miembro de UGT. Y la razón para convertirse en objetivo de ETA: haber pertenecido a la militancia del Partido Socialista. Había sido concejal de esa localidad desde junio de 2003 hasta mayo de 2007, año en el que hubo nuevas elecciones municipales y no salió elegido por el puesto que ocupaba en las listas. Al no volver a tener un cargo público, optó por prescindir de su escolta. "Isaías ni si quiera era un histórico del partido, era un tio que quería hacer cosas por el pueblo y por eso accedió a entrar en las listas", explica la historiadora Sara Hidalgo.

Estar cerca de las siglas del PSE era entonces sinónimo de estar en el punto de mira de la banda terrorista. Durante sus más de 40 años de violencia, ETA asesinó a 38 políticos, 12 de ellos socialistas. Nombres como Germán González López, el primer asesinado socialista; Enrique Casas, Fernando Múgica, Fernando Buesa, Juan María Jáuregui y Ernest Lluch entre otros.

Lugar del asesinato de Isaías Carrasco. / EFE
Lugar del asesinato de Isaías Carrasco. / EFE

"El paroxismo de la sin razón de ETA"

Sara Hidalgo ha escrito mucho sobre la violencia y los duros años que sufrieron las filas del PSE entrevistando a muchos de sus militantes: "Estaban totalmente estigmatizados y señalados. Daba igual que te salieras incluso del partido, siempre seguías apuntado y se mantenía esa especie de vacio social". Asegura que, durante los años más duros, pasaron por mucho sufrimiento y algunos de los concejales tenían incluso que tomar tranquilizantes para ir a los plenos. "El PSE no hubiera sobrevivido si no llega a haber el compromiso tan grande que hubo de la militancia que se impuso y dijo yo no me voy".

Pero Isaías Carrasco ya no estaba en política, llevaba más de un año fuera de ella y dedicándose a su familia y su trabajo. Donde si permanecía era en las filas de UGT, ya que en aquellos años, el carnet del PSE iba conjunto con el del Partido Socialista. "El asesinato de Carrasco es el paroxismo de la sin razón de ETA. Es una contradicción en si misma. Ellos nacen con la premisa de ser la resistencia socialista pero al final lo que terminan haciendo es matar a trabajadores", apunta Sara Hidalgo.

El propio órgano de inteligencia de la República Democrática Alemana, el Stasi, definía a ETA como "un grupo nacionalista radical que persigue objetivos no realistas y contrarios a los intereses de la clase trabajadora". Durante toda su historia, la banda termino con la vida de 860 personas, la mayoría de ellas pertenecientes a esa clase trabajadora cuyos derechos, supuestamente, defendían o así lo proclamaban en su discurso. Personas como Isaías Carrasco, un empleado que había dejado la política.

Clima de tensión política y silencio en las calles

Todos los partidos que tenían representación en el Ayuntamiento de Mondragón condenaron su asesinato salvo Acción Nacionalista Vasca (ANV), que ocupaba la alcaldía en aquel en aquel momento. El clima político en el municipio se agita y se vuelve ciertamente desagradable. La que fuera alcaldesa del municipio, Inocencia Galparsoro, decidió acercarse al hospital tras su fallecimiento, pero allí militantes socialistas le obligan a irse. En el consistorio, los ediles de ANV optan por abandonar sus cargos los días decretados como luto oficial.

El entonces lehendakari, Juan José Ibarretxe, califica el atentado como "salvajada y acto de barbarie humana" y pide a los ciudadanos que se manifiesten: "Estamos hartos de la violencia de ETA y convencidos de que ha perdido el norte definitivamente". En el otro lado de la balanza, Batasuna, formación ilegalizada en 2003 por sus estrechos lazos con ETA, reacciona tras el ataque, aunque una vez más no lo condena porque aseguran que las condenas tienen como objetivo "criminalizar, perseguir e ilegalizar a la izquierda abertzale, en lugar de ir a las raíces del conflicto y realizar serios intentos para resolverlo".

El temor a la banda terrorista estaba tan instaurado que muchos ni siquiera se atrevieron a rechazar el asesinato de Carrasco. Y más en un lugar como Mondragón, un municipio con poco más de 20.000 habitantes, con ANV al mando y siendo un lugar muy dificil en lo político. La sobre de ETA llevaba muchos años presente allí después de años de gobierno de la izquierda radical. Desde el Partido Popular, la que era entonces única concejal en la zona, lamentaba que los vecinos se movieron muy poco para rechazar el asesinato de Carrasco, y que tampoco hubo demasiados rostros conocidos durante los cinco minutos de silencio que hubo en su memoria.

Precisamente, es el PP quien protagoniza el momento más tenso que se vive durante los homenajes al exedil socialista. En la capilla ardiente puesta en el Ayuntamiento, el presidente popular, Mariano Rajoy y el entonces candidato a lehendakari, Patxi López, vivieron un tenso enfrentamiento por las constantes acusaciones del PP hacia el Gobierno durante la legislatura. La familia de Carrasco no dejó que los populares se acercasen al féretro y les dieran de primera mano el pésame.

Más apoyo a su alcaldesa que al propio asesinato

Un mes después de su asesinato, ETA reconoció en un comunicado en el periódico 'Gara' la autoría del atentado y lanzó una advertencia a Zapatero: "¿No pensarán los militantes del PSOE que ETA se va a quedar de brazos cruzados viendo como, con toda impunidad, torturan a militantes vascos, los detienen, les imponen una condena de por vida e ilegalizan partidos políticos?". Esto provocó reacciones también en el PNV que, junto al PSE, presentó una moción de censura en el Ayuntamiento de Mondragón, advirtiendo a la alcaldesa, Galparsoro, de que se desmarcara de ese comunicado.

La moción no salió adelante y ella se mantuvo en el cargo hasta que en mayo fuera encarcelada por el Juez Baltasar Garzón acusada de delitos de colaboración con banda armada y quebrantamiento de la suspensión de actividades que pesaba contra ANV, según recoge Europa Press. Este hecho empuja a miles de personas de la izquierda abertzale a manifestarse contra lo que consideran una "locura represiva del PSOE". A partir de ese momento, la tensión y las protestas se multiplican y llega hasta a la quema de un coche a un político del PNV. Una reacción inmensamente más notoria a la que provocó el propio asesinato de Carrasco.

Finalmente, Galparsoro sale libre en julio de eso año tras pagar una fianza de 30.000 euros y no es hasta 2016 cuando se celebra el juicio contra los líderes políticos que reconocieron su subordinación a la banda terrorista ETA, entre ellos Galparsoro, que es condenada a un año y ocho meses de prisión de inhabilitación para ejercer en cargos públicos.

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