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Atentado a la casa cuartel de Vic, víctimas del terrorismo y “del independentismo”

El 29 de mayo de 1991, ETA hacía estallar un coche bomba en el patio de la casa cuartel acabando con la vida de diez personas, cinco de ellas niños

Un agente de la Guardia Civil ensangrentado, José Gálvez Barragán,  lleva en brazos a una niña herida en el atentado contra la Casa Cuartel de Vic./ PERE TORDERA
Un agente de la Guardia Civil ensangrentado, José Gálvez Barragán, lleva en brazos a una niña herida en el atentado contra la Casa Cuartel de Vic./ PERE TORDERA

Que para ETA la edad, género o procedencia de las víctimas era un factor que con el tiempo pasó a ser irrelevante, se demuestra en algunos de sus ataques más despiadados. Un ejemplo de ello es el atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Vic, del cual hoy se cumplen ya 30 años. 

El 29 de mayo de 1991, cuando apenas pasaban cinco minutos de las siete de la tarde, el ‘Comando Barcelona’ lanzaba un coche bomba con 70 kilos de explosivos, por una rampa con la marcha atrás bloqueada. Ese vehículo llegó hasta el patio de la casa cuartel donde varios niños, hijos de los agentes que allí vivían, estaban jugando. Estas instalaciones eran la residencia de catorce agentes, trece mujeres y 22 niños. En el momento del atentado, muchos familiares estaban en las viviendas y varios niños jugando en el patio

Uno de los miembros del comando, Juan Carlos Monteagudo, activaba en ese momento los explosivos a distancia y la deflagración hacía que el edificio se derrumbase y que nueve personas murieran, entre ellas cinco niños. La más pequeña, María Pilar Quesada, de ocho años y que iba a celebrar su primera comunión el domingo siguiente. Además, otras 44 personas resultaron heridas y otro guardia civil moría atropellado por una de las ambulancias que evacuaba a los heridos. “Fue tremendo, una auténtica carnicería, y ETA dejaba bien claro que le daba igual matar a niños”, apunta el presidente de la Asociación de Historiadores de Cataluña, Óscar Uceda

Este se convertía en el segundo atentado más grave que ETA cometía en Cataluña después de Hipercor. La imagen del guardia civil José Gálvez Barragán, con la cara ensangrentada y el cuerpo de una niña herida en brazos, se convertía en un símbolo de aquella masacre. 

El día posterior, la Guardia Civil lograba localizar a los terroristas en una casa de Lliçà d’Amunt. Allí se produjo un tiroteo y Juan Feliz Erezuma y Joan Carles Monteagudo, ex miembro de Terra Lliure, fueron abatidos. El tercer miembro del comando, Juan José Zubieta, fue condenado a 1.311 años de prisión pero en el año 2013 salía de la cárcel de Lugo como consecuencia de la anulación de la aplicación retroactiva de la doctrina Parot. 

“Traen su guerra a Cataluña” 

El funeral que se celebró por las víctimas fue multitudinario y acudieron, entre otros, el entonces presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, y el lehendakari, José Antonio Ardanza. “ La gente salió a la calle, se volcó, la reacción popular fue contundente. El hecho de que vinieran de fuera molestó mucho. Eran sus guerras y venían aquí a matar gente y a poner sus bombas. Se sintió como una invasión”, recuerda Óscar Uceda. 

Este historiador asegura que fue un golpe muy duro para la sociedad catalana que, mayoritariamente, se cabreó mucho. Y lo hizo también por algo que ocurría a veces pero no era habitual y era la participación de alguien del propio “país” como ellos decían. 

La dirección de ETA, en manos en ese momento de Francisco Mújica Garmendia, alias “Pakito” dio la orden a los comandos desde Francia de que se centraran los objetivos en los enclaves vinculados con los eventos del año siguiente, los de 1992. Las olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla eran prioritarios para ETA y ya había asomado su violencia por Cataluña varias veces antes. 

En diciembre de 1990, apenas unos meses antes, la banda terrorista atacaba en Sabadell a un furgón de la Policía Nacional causando la muerte de seis agentes. Además, dos semanas antes se producía otro atentado en el cuartel de la Guardia Civil de Sant Carles de la Ràpita. 

“Vic ahora es como la Rentería de los años 80” 

En aquel momento, la ciudad se volcó para ayudar a las víctimas. Sin embargo, la situación hoy en día en Vic poco tiene ya que ver con aquello. “Esa zona es ahora el núcleo duro del ‘procés’ y la situación hoy en día es totalmente contraría. Vic ahora tiene más que ver con la Rentería de los 80. Se ha radicalizado mucho y el independentismo domina las calles. El hecho de que fueran guardias civiles, aunque las víctimas fueran niños, en su momento afectó muchísimo pero ahora si hiciéramos una encuesta, igual nos llevábamos una sorpresa de lo que opina la gente”, apunta Óscar Uceda. 

Él considera que aquella corriente que había en 1991 mayoritariamente en contra de ETA, hoy en día la gente lo ha olvidado y es como si nada de aquello hubiera pasado. “Es muy triste pero es así. La convivencia se ha degradado mucho en ese aspecto. Si ahora hiciéramos un acto allí en conmemoración, no sé lo que pasaría”, opina Uceda. 

José Vargas es el presidente de la Asociación Catalana de Víctimas del Terrorismo y es una víctima del atentado de Hipercor. Él asegura haber recibido insultos y agresiones por la calle e incluso pintadas de “Gora ETA” en su casa. “Vic ahora mismo es territorio comanche y las víctimas de aquella masacre ya no quieren hablar porque tienen miedo de la reacción de la gente de allí. Hemos pasado a ser nosotros los señalados e incluso se nos califica a nosotros de ser los terroristas y ya no sabemos qué hacer. Nos sentimos solos”. 

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