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Azpeitia, el pueblo dividido por la reapertura de Corrugados

La polémica en torno a la fábrica despierta el recuerdo entre los azpeitiarras y genera opiniones dispares

Fábrica Corrugados de Azpeitia. / CV
Fábrica Corrugados de Azpeitia. / CV

Hace tres meses que el equipo ejecutivo de Cristian Lay, actual propietario del grupo siderúrgico Gallardo Balboa, despejaba la incertidumbre sobre sus intenciones para reabrir la planta de Corrugados de Azpeitia. Desde entonces, los habitantes del municipio han tenido que vérselas con declaraciones de todo tipo, cambios de planes y mensajes contradictorios en torno a la reapertura de la fábrica, que ha despertado sensaciones e incluso viejas heridas entre los azpeitiarras. Existe un factor común entre las personas que aprueban el proyecto, la creación de puestos de trabajo. Y también lo hay entre los que rechazan activar la fábrica en Azpeitia, la contaminación y lo que ello conlleva. El lazo de unión entre unos y otros, es el hartazgo y la desconfianza que ha generado la polémica entre las instituciones

Varios transeúntes que acostumbran a pasear por las inmediaciones de la planta- la parte más cercana a la villa rodeada con marcas peatonales- acogen con pesadumbre la posibilidad de recuperar la actividad de la fábrica, con la que vendría "una cantidad de polución que no sería buena para el pueblo", señalan. Recuerdan que los obreros ganaban bien, admiten que generaría numerosos puestos de trabajo, pero se antepone el sentimiento de rechazo, si cabe, el más extendido entre los azpeitiarras. Jóvenes veinteañeros admiten, sin embargo, que "no les parece mal". "Mi padre trabajó en la fábrica, la familia llevaba más de 30 años en el oficio y era el potencial de Azpeitia" señala uno de ellos. Entre los menos experimentados, las opiniones se tornan dispares sin un recuerdo nítido de esos días, limitado a la cantidad de empleo, pero también los problemas de salud que acarreaba permanecer cerca de la fábrica, o dentro de ella, hoy un esqueleto lúgubre y correoso, rodeado de viviendas y naturaleza. 

Comercios de Azpeitia

Los comerciantes más próximos a la factoría dicen renegar de aquello, la mayoría con familiares o conocidos que han formado parte de Corrugados. "Mi marido trabajaba en la fábrica y luchó por que no se cerrara", relata una propietaria, "nuestra hija va a cumplir nueve años y me pasé todo el embarazo entre manifestaciones y protestas, ¿dónde estaba entonces el Gobierno vasco? Ahora, por suerte, está en una buena situación y no volvería a la fábrica, ni yo le dejaría", sentencia.

"Es una situación difícil", aseguran en la carnicería más cercana a la plaza: "Mi hermano vive pegado a la fábrica, sabe que le afectaría mucho; mi marido, sin embargo, trabajó en Corrugados y antepone el trabajo a otros factores. Más puestos de trabajo significa más flujo de clientes, pero a costa de qué".

Los negocios más alejados de Corrugados, personal y geográficamente, optan por guardar silencio o, al menos, reservar su opinión de puertas para afuera: "Es una guerra mediática alimentada por mentiras", afirman en una de las tiendas de la calle principal. Es, de hecho, el resentimiento el factor común a la práctica totalidad de los azpeitiarras provocado por el tira y afloja de las instituciones desde que el grupo anunciaba su intención de retomar la actividad en el municipio. 

"Mejor calidad de vida"

Un grupo de mujeres de avanzada edad comentan lo sucedido en la terraza de un bar de la plaza, todas de opinión firme y común: "la fábrica debe reabrirse". Recuerdan una calidad de vida "infinitamente mejor", a pesar del humo y la contaminación, algo con lo que han vivido años "y se sigue viviendo hoy en día". Admiten que era duro, se trabajaba mucho y se ganaba bien,"obreros, oficinistas, enfermeras y personal de limpieza". "No se puede dejar pasar esta oportunidad, así están nuestros hijos, con 30 años y sin trabajo, por decisiones como esta", señala una de ellas. En 2019, el paro alcanzaba a 547 azpeitiarras, algo más del 7% de la población según datos de Eustat. No obstante, para muchos, la situación no es tan grave como para tomar esa decisión. 

"Se ha hecho ver que hemos despreciado los puestos de trabajo cuando somos los primeros interesados en generar empleo", comentan alrededor de una mesa en otro de los locales. "Se trata de un proyecto que no puede ir en contra de las leyes que se acordaron en su momento, el Ayuntamiento quiere hacer valer la decisión que se tomó en su día para trasladar la siderurgia a Lasao, no puede ser que otros decidan lo que nos conviene a los azpeitiarras". De nuevo, entra a debate la contaminación que provocaría la apertura de la fábrica, nombran el humo, la suciedad y el ruido que rodeaba al municipio y que, después de ocho años, muchos se niegan a revivir. 

Silencio en los sindicatos

Además de una "penosa actuación política", algunos ciudadanos muestran su sorpresa ante el silencio de los sindicatos. Y es que ELA es el único que se ha pronunciado estos últimos meses, en contra de la reapertura de la fábrica por razones "sanitarias, ambientales y de seguridad". En el lado opuesto, aunque sin un comunicado oficial, UGT tildaba de "despropósito" la cancelación de un plan que generaría más de 700 puestos de trabajo. Mientras, LAB y CC.OO han evitado dar una respuesta firme ante el "oscurantismo" que rodea la propuesta del grupo. A pesar de los "escollos legales", Cristian Lay ha confirmado que mantiene la propuesta, basada en estudios urbanísticos y un trabajo continuo que, según han indicado, se ha trasladado paso a paso a las autoridades.

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