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Una de cada cuatro personas ha sufrido depresión y ansiedad en la pandemia

El 68,5% de la población vasca ha sufrido estrés postraumático tras la primera ola de coronavirus, según un estudio de Biocruces e Ikerbasque

Una de cada cuatro personas ha sufrido depresión y ansiedad en la pandemia/ ICCQ
Una de cada cuatro personas ha sufrido depresión y ansiedad en la pandemia/ ICCQ

La pandemia ha generado consecuencias físicas y psicológicas en la sociedad de Euskadi. Desde que comenzó la pandemia los niveles de depresión y ansiedad han aumentado, una de cada cuatro personas ha padecido alguno de estos trastornos. Este tipo de problemas genera tics, inflamación de los párpados, visión borrosa y hasta la pérdida momentánea de la visión. Los ojos y la vista se han visto muy afectados ya que muchos de los síntomas de estos trastornos mentales afectan a este sentido. Esto constituye a una respuesta fisiológica del organismo en el que del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante.

Ikerbasque y Biocruces han realizado un estudio para determinar este tipo de cuestiones. Durante la primera ola un 25% de la población reconoció tener síntomas de depresión, un 19,5% de ansiedad, y un 68,5% expresó sufrir estrés postraumático. Ahora, en plena tercera ola, los indicadores pueden volver a darse, y una de las formas en las que se manifiesta este estrés es en la vista. El estrés emocional pueda afectar a la visión, y en casos graves puede acarrear la pérdida momentánea de ésta. Por ello, y para cuidar nuestra fatiga visual el doctor Juan Durán, director médico del Instituto Clínico Quirúrgico de Oftalmología (ICQO). recomienda “eliminar los excitantes, descansar el tiempo necesario y realizar un suave masaje en la zona, con lo que, contribuiremos a que desaparezcan en el casi 100% de las ocasiones”.

Aunque el estrés es una reacción necesaria y positiva de adaptación a los cambios, cuando repercute negativamente en la salud hay que buscar ciertas pautas para bajar los niveles del mismo. Las respuestas internas suelen afectar a todo nuestro organismo, incluyendo los ojos, que se denomina estrés ocular o visual. Las manifestaciones más comunes de que se padece estrés ocular derivado del estrés emocional son los tics nerviosos, la inflamación de los párpados (blefaritis), la visión borrosa, la afectación de la mácula o incluso, en casos extremos, la pérdida momentánea de visión.

La recomendación general es tratar de eliminar las situaciones estresantes, misión difícil en una situación de incertidumbre como la actual desencadenada por el coronavirus que precisa de un cambio adaptativo de nuestras costumbres, aprender a reducir nuestra respuesta a ellas practicando relajación, priorizando las tareas, dormir las horas necesarias o realizando actividades que nos gusten, además de seguir una dieta sana y de eliminar el consumo de drogas, excitantes, azúcar y cafeína, y no estar demasiado tiempo delante de una pantalla, tal y como recomiendan los médicos.

Manifestaciones y recomendaciones

Tics nerviosos. “Aunque se los conoce como tics y son descritos por los pacientes como un temblor en el párpado, los tics o las mioquimias en general son un trastorno benigno, que consisten en pequeños temblores o espasmos localizados alrededor de los párpados, que no presentan gravedad, por lo general”, explica el doctor Juan Durán, director médico del Instituto Clínico Quirúrgico de Oftalmología (ICQO). Se trata de un movimiento involuntario de los músculos de los párpados, que puede durar días o semanas y no está acompañado de ningún otro signo o síntoma. “El responsable del movimiento suele ser el músculo orbicular, responsable del cierre palpebral, y que presenta gran susceptibilidad a la estimulación por neurotransmisores que se activan ante cualquier situación de estrés”, explica el doctor.

Párpados inflamados

La blefaritis a veces es otro síntoma de estrés o ansiedad. Se trata de una inflamación de los párpados causada principalmente por una infección de las glándulas que se encuentran en su interior. Se trata de una enfermedad ocular bastante frecuente, y que suele ir acompañada de otras afecciones, como el ojo seco. En todo caso, los síntomas o molestias que manifiestan los pacientes son, tal como explica el doctor Durán son “el enrojecimiento y quemazón ocular, párpados pesados e incluso la disminución de la agudeza visual”. Eventualmente ocasionan el desarrollo de orzuelos, patología que se ha incrementado mucho durante la pandemia. Ante un caso de blefaritis, los oftalmólogos recomiendan la limpieza específica del borde de los párpados, y una lubricación de los ojos con lágrimas artificiales. Existen tratamientos por medios físicos, como la luz pulsada, cuando los tratamientos habituales no resuelven el problema.

La afectación de la mácula. Diversos estudios ponen de manifiesto que personas que están bajo mucho estrés, -normalmente entre los 25 y 55 años y varones, principalmente- pueden ser más propensos a desarrollar retinopatía serosa central, en la región de la mácula. Los síntomas del desarrollo de esta lesión son la visión borrosa, con deformidad de las imágenes y la pérdida transitoria de visión. Como explica el especialista del ICQO, la mácula es la parte central de la retina a la que corresponde la percepción de los detalles, distinguir colores, y que posibilita ciertas acciones, como la correcta lectura o distinguir las facciones de un rostro. En concreto, “esta retinopatía se caracteriza por la aparición de un desprendimiento seroso de la retina sensorial y viene dada por una alteración de las funciones de barrera y de bombeo a nivel del epitelio pigmentario de la retina”.

Por suerte, explica el doctor, parece que cuando el problema que produce el estrés se soluciona, en las semanas siguientes se produce una mejora de la agudeza visual. Los pacientes describen un inicio súbito de esta afectación por una visión borrosa, la micropsia (los objetos aparecen menores de lo que son), la metamorfopsia (los objetos aparecen distorsionados) y el oscurecimiento de la zona central de la visión o disminución de la visión. El pronóstico de esta afectación, salvo en casos recurrentes o crónicos, es bueno. “La mayoría de los ojos experimentan una reabsorción espontánea del líquido en un plazo de 3-4 meses, y habitualmente se produce la recuperación de la agudeza visual en un plazo menor a un año”, subraya. Las directrices para esta afección que los pacientes sólo deben ser tratados cuando la enfermedad persiste más de 3-4 meses o si presenta signos crónicos. Es importante que ante una situación de estrés con pérdida de visión transitoria se acuda al oftalmólogo cuanto antes.

Pérdida de visión. El estrés, aunque con menos frecuencia, también puede causar una pérdida súbita de visión, conocida como amaurosis, o causar una visión borrosa y suele estar relacionado con la somatización de algún trauma o estrés intenso, como está pasando por el COVID. “Puede resultar muy alarmante, pero este tipo de pérdida de visión suele ser un problema transitorio”. En estos casos debe descartarse que haya un problema orgánico –es decir, oftalmológico o neurológico-, y una vez excluida esta causa, la indicación es intentar reducir el estrés con ayuda de un profesional y reduciendo o eliminando los factores que provocan el estrés.

La fatiga visual, también llamada astenopia, se ha incrementado como consecuencia del COVID-19, debido entre otras cosas, al uso excesivo de pantallas, de la mala iluminación o la falta de luz natural, ya que es la respuesta del ojo frente al esfuerzo muscular excesivo durante un largo periodo de tiempo.

Consejos ergonómicos

Además, hay una serie de consejos ergonómicos para evitar la fatiga visual o astenopia que conviene seguir en aquellas profesiones que se desarrollan principalmente en espacios cerrados, como una oficina o en casa, ahora que el teletrabajo forma parte de nuestro trabajo. Como aconseja el especialista del ICCO, “la silla debe tener un respaldo adecuado y la espalda ha de estar recta. Además la inclinación de la superficie de trabajo debe ser unos 25 grados a partir de la superficie horizontal, para reducir así la tensión sobre cabeza, hombros, cuello y ojos”. Asimismo, es importante que el espacio de trabajo esté dotado con unas adecuadas condiciones de iluminación y de humedad. Hay que tener cuidado con los reflejos y contrastes del mobiliario, que provocan que para sortearlos se tomen posturas incorrectas. Por último, el doctor añade que “conviene hacer descansos para enfocar la vista a distancia. Es idóneo descansar un minuto por cada 15 para ayudar a disminuir la fatiga ocular. Se puede aprovechar este tiempo para mirar por la ventana o al menos mirar a lo lejos y parpadear con frecuencia”.

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