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Carmen Anguita, la primera de las 4.983 víctimas del terrorismo reconocidas en España

Con quince años fue víctima de una explosión en la Dirección General de Seguridad en Madrid a manos de la organización anarquista Defensa Interior

Carmen Anguita. / Memorial de Víctímas del Terrorismo
Carmen Anguita. / Memorial de Víctímas del Terrorismo

El 29 de julio de 1963, la vida de esta quinceañera de Madrid cambió por completo. Carmen Anguita era en aquel entonces una aprendiz de modista en un taller de alta costura de la céntrica calle Monteria. Ese caluroso día de verano, su jefa Mercedes le encargó tramitar un pasaporte para su hija en la oficina que estaba en la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol. Fue junto con otra de sus compañeras que tenía que ir a comprar una cremallera y decidieron ir a ambos recados juntas. Pero, al llegar a su primera parada vieron toda la gente que había y decidieron separarse. Carmen se quedó en la Dirección General de Seguridad y su compañera se fue. "Había mucha gente y yo me senté a esperar cerca de un mostrador de madera hasta que escuche una explosión enorme, una llamarada y yo volé por los aires". Carmen fue una víctima de un atentado de Defensa Interior, una organización anarquista antifranquista española creada para reactivar la lucha contra la dictadura franquista.

Esa joven que ese día vio truncada su juventud tiene ahora 74 años y es la primera de las 4.983 víctimas del terrorismo reconocidas en España. El historiador Gaizka Fernández Soldevilla, en su libro 'El terrorismo en España', recuerda cómo la vigente Ley de Víctimas del Terrorismo, de 2011, sitúa junio de 1960, con el atentado que asesinó a la niña Begoña Urroz en San Sebastián, como fecha de referencia. Urroz fue víctima mortal de una bomba del DRIL (Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación) y Carmen Anguita fue herida muy grave por la bomba de este grupo anarquista, en 1963. También sufrió lesiones menos graves en el mismo atentado Isabel Peña, y hubo otros 35 heridos que no requirieron hospitalización. Los atentados mortales de ETA comenzaron cinco años después, en 1968.

Las secuelas siguen ahí. Carmen tiene pólvora en los brazos y en la espalda y el oído le da mucha guerra y dolores. Por no hablar de las peores, las psicológicas: "Es terrible, te viene todo de golpe y te cambia la vida y tienes que aprende a volver a vivir con el miedo y el susto". En conversación con 'Crónica Vasca' cuenta algo que le ha pasado hace muy poco: "Me localizó, después de más de 50 años, la otra aprendiza que estaba conmigo ese día y no hacía más que decirme "ay Carmen, que todo aquello también tenía que ser para mi, yo ví como te sacaban toda quemada". Después del atentado, Carmen paso mucho tiempo en el hospital y un mes entero boca abajo.

Carmen Anguita durante su ingreso hospitalario tras el atentado, en 1963. / EFE
Carmen Anguita durante su ingreso hospitalario tras el atentado, en 1963. / EFE

Arias Navarro y Muñoz-Grandes quisieron que estudiara

En 1963, en plena dictadura franquista, no había ninguna regulación legal sobre víctimas del terrorismo. La democracia no la tuvo hasta 1999 y Carmen Anguita no fue reconocida hasta la ley de 2011. Cuando sufrió este atentado quedó en manos de la ayuda que pudiera ofrecerle el régimen. En ese momento, tuvo la oportunidad de hacer peticiones y pidió tener un piso, ya que antes vivían en una casita baja, y un trabajo para su padre, que era albañil. No era una familia pudiente y ella tenía que cuidar de su hermano y trabajar por lo que casi no tenía estudios.

El director general de Seguridad, Carlos Arias Navarro y el vicepresidente del Gobierno, Agustín Muñoz-Grandes quisieron conocerla y cuando salió del hospital lo hicieron. "Muñoz-Grandes quería que yo estudiara porque decía que tenía mucho potencial, y me daban un dinerillo al mes para que pudiera apañarme e ir a clase", cuenta Anguita.

Carmen quedó psicológicamente alterada de modo permanente. “Los ruidos me sobrecogen. Me viene a la memoria el de la bomba. La última vez que sentí pánico fue en mi casa en Vallecas en marzo, la noche del cambio de hora. Unos chicos quemaron motos enfrente y el ruido me hizo recordar al de la bomba. Me sentí aterrada. Llamé a la policía”.

También cerca del terrorismo de ETA

Es mencionar la palabra ETA y el terror se siente en la voz de Carmen Anguita: "Terrible, ni me lo menciones, se me abrían las carnes". Después del atentado que ella había sufrido, poco tardaron en llegar los de ETA y ella volvió a ser testigo muy cercano de dos de sus actuaciones. "Yo apagaba la televisión cuando había algún atentado. Hubo uno en la calle del Correo, que mató a 13 personas, que me tocó mucho y fui a ver una de las víctimas en el hospital, una chica joven andaluza porque me recordaba mucho a mi cuando pasé por aquello".

Años más tarde, en el año 2000 ETA mataba en Madrid a un magistrado del Supremo, a su chófer y a su escolta en la Avenida de Badajoz de Madrid. Carmen Anguita volvía a estar cerca de ese lugar, con su coche y recuerda como se quedó completamente paralizada y ver un autobús volando y a los minutos todo lleno de ambulancias. Ahí comprendió que necesitaba ayuda psicológica para tratar todo lo que le producían esas situaciones tan duras.

Ella pertenece a la AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) y encabeza la lista de los 4.983 heridos que figura en el Memorial de Vitoria. Sin embargo, no participa ahora en ninguna actividad ni quiere estar en contacto con otras víctimas porque a ella le genera mucho dolor: "no quiero recordar más". "Yo era muy fuerte, atrevida y lista porque la vida me ha dado muchos palos, pero ahora ya no puedo más. Y veo que en la sociedad ha perdido la humanidad y eso me da mucha tristeza", termina ella.

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