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Cinco barreras para la instalación de placas de autoconsumo en Euskadi

En los últimos años, el autoconsumo ha experimentado un crecimiento sin precedentes, si bien requiere de estudios, informes, conocimiento y calidad que permitan el retorno de la inversión

Instalacion placas solares fomento autoconsumo energetico. / EP
Instalacion placas solares fomento autoconsumo energetico. / EP

El autoconsumo como uno de los ejes para el desarrollo fotovoltaico supone un paso importante de cara a cumplir los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC), además de una vía para reducir los costes de suministro eléctrico para los ciudadanos, las pymes y el sector industrial. Según los datos registrados por la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), en el primer semestre de 2021 se instaló el doble de potencia fotovoltaica que en 2020, año en el que se instalaron en España 596 MW en instalaciones de autoconsumo, cifra supone un incremento del 30% con respecto a 2019.

Durante el pasado año, la mayoría de esta nueva potencia, un 56%, se ha instalado en el sector industrial, un 23% en el sector comercial y un 19% en el sector doméstico, donde el autoconsumo ha experimentado un crecimiento sin precedentes, si bien la posibilidad de autoproducir energía para reducir la huella de carbono requiere de estudios, informes, conocimiento y calidad que, de no llevarse a cabo, imposibilitan el buen funcionaimiento de la planta, su rentabilidad de la planta y el retorno de la inversión. Estas son algunas barreras a la hora de instalar placas de autoconsumo en la Comunidad Autónoma Vasca.

Dimensionamiento

La fase de desarrollo de un proyecto para la instalación de placas de autoconsumo es el punto de partida en el marco de ejecución del mismo para que resulte viable y rentable en el tiempo. El paso principal se concentra en el dimensionamiento del autoconsumo que garantice la eficiencia energética. Así, el estudio inicial mide la potencia óptima acorde a las necesidades de cada consumidor, algo que, según trasladan técnicos de instalación, en muchas ocasiones no responde a la minuciosidad que requiere por la velocidad a la que avanza el sector. "Hay clientes a los que no les funciona como esperaban porque no se le instaló según lo que en realidad necesitan", explica uno de estos profesionales. En una comunidad, por ejemplo, no es viable estudiar cada caso sino que "se extrapolan" los datos más representativos del edificio de entre "tres o cuatro consumidores".

Se trata de analizar las potencias de instalación posibles y cómo afecta a la rentabilidad a través del consumo por horas y la generación solar disponible en el emplazamiento, así como el modelo económico, según el precio de la energía, impuestos, o aplicación de mantenimiento, entre otros factores, que transformará los KWh de la planta en el retorno de la inversión. 

Retorno de la inversión

Ante los constantes repuntes en el precio medio de la luz cuya evolución en los últimos meses ha llevado a máximos históricos, actualmente el ahorro es uno de los mayores incentivos a la hora de instalar placas de autoconsumo. El periodo medio de amortización puede alcanzar, sin embargo, los diez años frente al ciclo de vida de las placas una vez estén por debajo del 80% de su capacidad, en aproximadamente 25 años. Según los responsable de la instalación, en la venta suele ser un problema el demostrar que va a haber un ahorro real al suponer un gran desembolso que no suele ir acompañado de un retorno rápido, pero sí rentable. Se trata de autoconsumir lo máximo posible, producir lo que uno consume, y guardar el equilibrio.

En zona residencial, la instalación supone entre 4.000 y 7.000 euros. De hecho, y según explican los expertos, la inversión y la potencia no son necesariamente proporcionales, ya que, en menores instalaciones el precio de la unidad sube, mientras que el precio troncal es el mismo. La reducción en el precio es notablemente inferior a la de hace unos años gracias al avance tecnológico y deducciones que ayudan a rentabilizar el servicio con rebajas de hasta el 50% del IBI durante al menos cinco años en varios municipios vascos, Bilbao, Barakaldo, Eibar o Basauri entre ellos. 

Trámites administrativos

Algunas de las barreras para poner en marcha el proyecto no dejan de ser las trabas administrativas tales como la necesidad de tener una licencia de obras lo que, según la UNEF, puede retrasar la instalación hasta ocho meses. Actualmente, ascienden a 10 las comunidades que han eliminado este trámite todavía vigente en en Euskadi. El Ayuntamiento debe reconocer la obra, lo que implica abrir un expediente y abonar las tasas correspondientes. "La mejora de la agilidad de las tramitaciones es, en este momento más que nunca, clave para que se reactive la actividad de todo el entramado de autónomos y empresas que pueden hacer del autoconsumo una vía más de recuperación económica y generación de empleo en los municipios tras la crisis actual por la COVID-19" señalaba en un comunicado, José Donoso, director general de UNEF.

Daños por producción defectuosa

Una vez instaladas, es necesario garantizar su durabilidad y evitar problemas de mantenimiento que afecten a su rendimiento. Aunque pueda considerarse frágil, se trata de una tecnología madura y testada para aguantar a la intemperie, explican los profesionales que detectan más problemas en la electrónica que la posibilidad de microfracturas o corrosión, la parte más débil e imprescindible para la conversión de energía eléctrica. En ocasiones, los paneles pueden presentar daños internos o de cableado que provoca conexiones fallidas, en su mayoría atribuidas a una producción defectuosa o de baja calidad por lo que inciden en la importancia de apostar por marcas con garantías y servicios postventa que eviten desemebolsos importantes. Es común que los instaladores, cobren además una pequeña cantidad por el seguimiento y monitorización de los equipos si en algún momento dejan de rendir. 

Mayor eficiencia a gran escala

Energéticamente, el autoconsumo es menos eficiente a pequeña escala que a escala industrial, por lo que también lo es económicamente. Las pequeñas estructuras requieren más potencia en la instalación para equiparse a plantas fotovoltaicas de gran tamaño, cuya inversión es proporcionalmente menor que la que requieren la instalación de placas en diferentes edificios, en los que, además, se requiere el acuerdo de la comunidad. Esto, sumado a menos horas de sol hacen a Euskadi menos atractivo para implantar placas de autoconsumo conectadas a la red interna del edificio que, de no ser suficiente consumirá electricidad de la red eléctrica. En el País Vasco, la mayoría de instalaciones asumían, aún así, casi el 70% de la energía de la comunidad, salvo edificios muy grandes, "podría llegarse a una autosuficiencia importante", explican desde el Colegio de administradores, aunque no como para cubrir el consumo de cada hogar. 

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