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La educación especial pide que la nueva ley vasca les de su espacio en el sistema y "no les olvide"

La nueva Ley de Educación Vasca sigue su camino en el Parlamento vasco, con muchos debates aún sin resolver, mientras el lehendakari confía en poder aprobarla el próximo año

Aula de un colegio de infantil. / EP
Aula de un colegio de infantil. / EP

La nueva Ley de Educación Vasca sigue su andadura en el Parlamento vasco. Las comparecencias de expertos y agentes educativos en la ponencia parlamentaria creada para hacer aportaciones que sienten las bases de esta nueva normal comenzarán el próximo 10 de noviembre y los grupos políticos, salvo PP+Cs, parece que van acercando posturas. El objetivo del lehendakari es llevarla la Cámara vasca el próximo año para su aprobación pero hasta entonces, aún faltan muchos detalles y cuestiones que debatir, aunque parece que el foco principal siempre está puesto sobre el mismo tema: el euskera y la elección de modelo educativo. Sin embargo, hay muchos áreas más que esta nueva ley tiene que atender, entre ellos uno de los más sensibles como es la educación especial.

La actual Ley vasca de Educación lleva casi 30 años en vigor, tres décadas en las que han cambiado mucho las cosas en este ámbito. Al inicio de su legislatura, el Gobierno vasco se comprometió a aprobar una nueva ley acorde con las necesidades actuales de la sociedad. En Euskadi el alumnado se divide, prácticamente a partes iguales, entre la red pública (51%) y una red concertada (49%) más compleja que en otros territorios. Esta situación se debe al peso de colegios concertados de carácter religioso y, de manera particular, a la relevancia del modelo de las ikastolas no públicas.

El debate en torno a la revisión de esta división pública-concertada tiene que ver con la voluntad de distribuir de manera equilibrada al alumnado con necesidades especiales, al de origen migrante o a aquellos alumnos que se matriculan con el curso ya comenzado. El objetivo, por tanto, sería evitar situaciones de segregación que se han dado en algunos barrios y localidades.

La directora del colegio Aldamiz de APNABI Autismo Bizkaia, Eguzkiñe Etxabe, asegura que a ellos les preocupan y reclaman tener un espacio en el sistema educativo dentro del sistema y que no se les olvide: "Parece que aquello que no se nombra no existe, y sí existimos. Si incluimos todo dentro de la diversidad, no habrá un especial cuidado para cuestiones como la nuestra y queremos que se refuercen las políticas inclusivas porque todos tenemos que estar".

El colegio Aldamiz se fundó hace ya 39 años y cuenta ahora con 15 aulas y aunque son "pequeños, aportan mucho". Su proyecto educativo se basa en conocer y comprender el autismo y que los alumnos sean lo más independientes posible: "Les enseñamos a cosas tan cotidianas como usar el ordenador, sacarse la Barik o afeitarse". Su directora señala que les gustaría poder ser "agente activo del sistema" de manera que pudieran compartir sus conocimientos sobre autismo a todos aquellos profesionales de los centros ordinarios donde hay niños con autismo en sus aulas. "Todos sumamos, y si no estamos todos corremos el riesgo de que los más vulnerables abandonen y se genere poca cohesión y desigualdad social", dice Etxabe.

Hacia la personalización y no individualización

Itsaso Larrieta es la responsable de Seguimiento Escolar de la fundación de Síndrome de Down del País Vasco centraría las necesidades de esta educación de cara a la nueva ley sobre cuatro pilares: la diversidad, la accesibilidad, el derecho y la personalización. "Las barreras son del entorno, no de la persona y nos gustaría que se diseñaran centros, programas, actividades... que fueran accesibles para todos. Por ejemplo, en el caso de los niños con Síndrome de Down, que se reforzaran los apoyos visuales sería súper beneficioso", opina Larrieta.

Por otro lado, cree que el derecho a la inclusión hay que garantizarlo, y por ello debería haber "una buena formación para los profesionales y charlas de sensibilización a toda la comunidades educativa incluyendo familias y alumnos". Larrieta asegura que se han hecho grandes avances en la educación infantil y primaria, pero aún queda mucho por mejorar desde la secundaria. Apostando siempre por la inclusión en los centros ordinarios y yendo hacia la personalización y no hacia la individualización. "Hay que escucharles e implicarles y diferenciar que no todos tienen que llevar el mismo camino, cada uno tiene unas necesidades y una serie de cosas que aportar diferentes y muy valiosas", añade.

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