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ETA y Estados Unidos, la historia de una relación que nace para vigilar y se mantiene por el temor

David Mota es el autor del libro ‘En manos del Tío Sam. ETA y Estados Unidos’ en el que cuenta cómo era la relación de la banda con EEUU y revela cómo los norteamericanos supieron de la existencia de ETA dos años antes que España

Imagen de una de las ruedas de prensa de ETA.
Imagen de una de las ruedas de prensa de ETA.

Estados Unidos supo de la existencia de ETA dos años antes que la policía franquista. Un informe confidencial del Consulado estadounidense en Bilbao, con fecha del 23 de noviembre de 1959, enviado a su Embajada en Madrid, informaba de la explosión de un artefacto casero en Santander el 25 de octubre. En un primer momento, este ataque fue atribuido a “nacionalistas vascos”.  

En diciembre de ese mismo año, el vicecónsul de Estados Unidos en Bilbao se reunía con un miembro de la organización que le hacía entrega de un boletín de 'Zabaldu', el noticiario de la banda, donde se expone la existencia de una nueva organización bajo el nombre de ETA.  

Sin embargo, el régimen franquista no detectaba la existencia del grupo criminal hasta julio de 1961. El primer informe de la Brigada Político-Social franquista, data de un mes después de que ETA quemara banderas españolas e intentara descarrilar en las cercanías de San Sebastián un tren de excombatientes franquistas que se dirigían allí a conmemorar el 18 de julio.  

Estados Unidos y ETA mantuvieron reuniones con cierta asiduidad hasta poco antes de que la banda terrorista se cobrara su primera víctima mortal: José Antonio Pardines en 1968. “Muchas veces se entrevistaban en Gernika, con motivo del Aberri Eguna y siempre de manera clandestina”, detalla el historiador David Mota, autor del libro ‘En manos del Tío Sam. ETA y Estados Unidos’.  

Que Franco no se entere 

Desde los años 40 y 50, miembros del Partido Nacionalista Vasco ya se entrevistaban con agentes del Departamento de Estado y con miembros del consulado porque el Gobierno vasco en el exilio había estado colaborando con Estados Unidos durante la 2º Guerra Mundial. Los primeros dirigentes de ETA, como Julen Madariaga o Benito del Valle, procedían de hecho de estas familias nacionalistas vascas y en las primeras reuniones, EEUU no llega a ubicarlos bien.  

Los norteamericanos estaban muy interesados sobre qué estaba sucediendo en España en general, cuál era la política franquista, qué iniciativas se estaban llevando a cabo por parte de los diferentes grupos contrarios al régimen... querían saber qué peso podían tener estas organizaciones que estaban surgiendo en el devenir de los acontecimientos.  

Sin embargo, no le interesaba en absoluto que el Gobierno de la dictadura franquista fuera conocedor de esta relación con ETA. “En un contexto como el de la Guerra Fría, Franco se convirtió de la noche a la mañana en alguien odiado por todas las democracias, a convertirse en un aliado fundamental para Estados Unidos en cuanto a sus relaciones exteriores y a su lucha contra el comunismo. Que Franco supiera que estaban teniendo tratos con la oposición, era algo que a EEUU ponía nervioso porque podía generar conflictos diplomáticos bastante importantes”, explica David Mota.  

Más temor a otras organizaciones terroristas

La gran preocupación de Estados Unidos era salvaguardar sus intereses empresariales en Euskadi y en España. ETA nunca había expresado que EEUU fuera uno de sus objetivos, pero los norteamericanos comienzan a ver como atentan contra empresas y temían que pudiera afectar a las suyas. “Desde los años 50 había bases norteamericanas en construcción, por ejemplo en Elizondo, y allí si hay algún problema con huelgas promovidas por ETA”, detalla Mota.  

También juegan un papel significativo en la construcción de la central de Lemoniz, a la hora de conceder préstamos a la empresa promotora, en este caso Iberduero. Llega un momento en el que ven como ETA comienza a desinformarles y eso, unido a que sus bases comienzan a aparecer en los boletines de 'Zabaldu', hace que comiencen a observarles más de cerca.  

Sin embargo, ETA no era la organización que más preocupada a los Estados Unidos. Hay otro grupo terrorista que procede de la extrema izquierda y que pertenece al movimiento comunista de Euskadi que es Iraultza. Este grupo sí tenía como objetivo atentar contra Estados Unidos, aunque tratar de no tener ninguna víctima mortal, a pesar de que finalmente si tiene alguna.  

Y esta no era la única preocupación. Los GRAPO eran convencidos anti americanistas y también tenían puesto el ojo en Cataluña y en un grupo, que podría estar en el origen de Terra Lliure, que era el Ejército rojo catalán de liberación. Esta banda si atenta contra ciudadanos norteamericanos y asesina a un marinero con una bomba que coloca en Barcelona y que también hiere a otros tres marineros.  

Documento de la CIA posterior al asesinato de Carrero Blanco. / ‘En manos del Tío Sam. ETA y Estados Unidos’
Documento de la CIA posterior al asesinato de Carrero Blanco. / ‘En manos del Tío Sam. ETA y Estados Unidos’

Sin miedo hasta que llega la crueldad 

El historiador David Mota asegura que gran parte de la sociedad norteamericana seguramente no sabía qué era ETA hasta, al menos, el Proceso de Burgos. “Era una organización terrorista más en Europa, y mientras no afectara a sus intereses o a sus ciudadanos, no le iban a prestar demasiada atención”, explica Mota. Lo unico que les podía inquietar era la seguridad de los ciudadanos de Estados Unidos que trabajaban en la embajada de Bilbao.

Sin embargo, si hubo algunas acciones de la organización terrorista que tocaron la fibra de los norteamericanos por la crueldad con las mismas. Casos como el de Alberto Martín Barrios, que era un capitán de Farmacia que ETA asesina con un tiro en la nuca y que sí figura en algunos informes de la CIA. Este asesinato tuvo un gran seguimiento en la prensa y llevo a la gente a salir a la calle y estas informaciones llegaron a EEUU.  

Si hubo una ocasión en la que los norteamericanos sintieron miedo, fue con el asesinato de Carrero Blanco. El asesinato del que fuera presidente del Gobierno siempre ha estado rodeado de la teoría conspiratoria de que EEUU estaba detrás como aliada de ETA. Sin embargo, la documentación que se ha encontrado años más tarde demuestra como los propios estadounidenses se vieron sorprendidos por esta acción e incluso tuvieron miedo por la vida del secretario de Estado, Henry Kissinger, que había estado de visita en Madrid esos días.  

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