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Imagen de unas de las manifestaciones contra la violencia de ETA.

Sociedad

Euskadi diez años después de ETA: batalla por el relato y estrés postraumático

Zuriñe Gómez, Belén Ferreras, Lucas Irigoyen

Diez años después de 'el comunicado'

El 20 de octubre de 2011, Euskadi se inundó de lágrimas. Lágrimas de para qué y de por fin. Lágrimas de rabia, por el dolor inútil causado por el cruel y eficaz terrorismo de ETA. Lágrimas de alegría, por dejar de mirar bajo el coche, tras las esquinas, por dejar la sombra de empresarios, políticos, jueces, periodistas y todos los colectivos amenazados por la barbarie. Lágrimas de emoción, de familias que podían empezar a recomponerse, de puentes que se abrían de nuevo. Lágrimas de nerviosismo por un futuro incierto que había que reconstruir entre todos, de forma generosa, contando con víctimas -la mayoría de la ciudadanía vasca- y victimarios -los asesinos y sus brazos políticos, sociales y mediáticos-. El 20 de octubre de 2011, el País Vasco cerró la página más vergonzosa de su historia y comenzó la transición hacia una sociedad decente.

Pero aquella Euskadi enferma, aquella tierra envenenada de odio y sangre, tenía la resaca del dolor causado en su nombre. De un lado, los terroristas y sus apoyos. Estratégicamente, que no por ética, de retirada militar y con la urgencia de construir una historia bélica, de conflicto, de guerra entre iguales que jamás existió. De otro, las víctimas, exigiendo lo que en derecho le corresponde: recuerdo y memoria del sufrimiento que tan injusta e inhumanamente recibieron. Y por último, el grueso de la sociedad vasca, con prisa por pasar la página para actuar rápido como si nada hubiese sucedido. Pelillos a la mar sobre casi 900 cadáveres, sobre miles de extorsionados, sobre decenas de miles de señalados y amenazados.

Porque, al revés de lo que pasa en todos los episodios violentos, en el País Vasco el relato no ha quedado en manos de los vencedores -la libertad, la paz y la democracia- sino de los vencidos, la violencia, el odio y el 'apartheid' ideológico de los hijos políticos de ETA. Aquella transición rápida e inacabada, aquella velocidad por cerrar heridas profundas traen hoy el barro de la ignorancia sobre lo ocurrido. Pero, además, han dejado una Euskadi en shock postraumático. Un país que no ha cerrado todavía su página más oscura por las equidistancias y los miedos del nacionalismo, aunque aún hay tiempo de hacerlo, y un país que vivió tanto tiempo en el miedo, el dolor y la crispación que ahora es incapaz de abordar debates serenos, estratégicos o espinosos. Porque esta Euskadi de hoy rehuye la confrontación, lo que no está mal si eso no supusiese un velo sobre el pasado y un freno para el futuro.

Crónica Vasca ha preguntado a diferentes personalidades de todos los ámbitos cómo era aquella Euskadi del plomo y cómo ven esta sociedad postraumática, cómo vivió el día del final de la vergüenza y, lo más importante, qué esperan del futuro de una sociedad con potencial lastrada por la cicatriz del odio, el dolor, la división y el etnicismo.

Txema Urkijo, promotor de 'Gesto por la paz'

Aquel 20 de octubre lo viví con mucha tranquilidad y sosiego. El final de ETA fue un proceso que, por su extensión en el tiempo, permitió ir descontando el valor real de la noticia. Por eso, racionalmente no fue sino la confirmación de lo sabido y emocionalmente la satisfacción por la consciencia de que era el día en el que podíamos colocar la línea divisoria entre el pasado trágico y el futuro esperanzador de mayor paz y libertad para nuestro país.

Me inclino a pensar que una buena parte de la sociedad vasca vive satisfecha por haber podido olvidar lo ocurrido, tan ajena como lo fue al drama de la violencia cuando era presente entre nosotros. Son loables los esfuerzos por poner en marcha iniciativas de memoria que permitan extraer consecuencias pedagógicas para el futuro y es la parte que permite albergar esperanza. La reacción generada por la película “Maixabel”, por ejemplo, permite creer que hay posibilidades de avanzar en la memoria y en la recuperación para la convivencia en Euskadi. Pero dudo que sea un sentimiento o actitud mayoritarios.

No acabo de ver claro que Euskadi abrace con rotundidad una memoria que afiance y afirme el sinsentido de la violencia y el sufrimiento injusto generado. Demasiada indiferencia y demasiada ignorancia sobre lo sucedido, junto al riesgo inequívoco de un exceso de autocomplacencia acerca del papel desempeñado por la propia sociedad vasca en la reacción contra la violencia. Como ocurre casi siempre, será un futuro de claros y sombras. Me conformo con que se desinflame definitivamente el sentimiento épico de la violencia entre nuestros jóvenes.

En cualquier caso, sería necesario desarrollar un proceso de reflexión autocrítica que afectara a quienes protagonizaron la violencia, a quienes la justificaron y jalearon, a quienes vulneraron derechos humanos en la lucha contra el terrorismo, a quienes permanecieron en silencio e indiferentes… A lo mejor es demasiado pedir.

Txema Urkijo. / Araba Press
FOTO: Txema Urkijo. / Araba Press

Andoni Ortuzar, presidente del Euskadi Buru Batzar

Euskadi y la sociedad vasca están mucho mejor que antes, aunque vamos a necesitar aún más tiempo para recuperarnos de tanto dolor injusto, de tanta violencia gratuita, de tanto odio inculcado, a pesar de que la ciudadanía vasca está haciendo notables esfuerzos para salir de aquel zulo en el que ETA nos quiso meter a todos y a todas. Y se ha demostrado que ETA no hacía falta para nada en nuestra vida como 'Pueblo'. Nunca debió existir, nunca tuvo una misión popular. 

La sociedad vasca ‘pasa’ de procesos y de medalleros. Quería que ETA acabara y así ha sido, aunque con un altísimo coste en víctimas, que siempre deben estar en nuestra memoria. Pero sí hay un sentimiento colectivo de que aún no se nos ha contestado a dos preguntas clave: ¿Para qué han servido 50 años de violencia irracional y tanto daño injusto causado? ¿La decisión de dejarlo fue sincera porque la violencia nunca tuvo sentido o respondió a una mera táctica al comprobar que no había ninguna posibilidad de salirse con la suya?

Andoni Ortuzar, presidente del Euskadi Buru Batzar / EP
FOTO: Andoni Ortuzar, presidente del Euskadi Buru Batzar / EP

Edurne Portela, escritora

Recuerdo que hace diez años estaba viviendo todavía en EE.UU. y que no pude comentar ese final con nadie que realmente supiera lo que significaba ese anuncio hasta que hablé con mi madre, horas después. Es curioso, porque hasta que no hablé con ella creo que no era capaz de sentir nada. Me recuerdo viendo el vídeo en internet una vez tras otra, buscando más noticias, como si necesitara más información para comprender el comunicado. Y después recuerdo la conversación con mi madre, preguntarnos si sería ya la definitiva. Me llevó tiempo sentir alegría y creerme que de verdad ETA dejaba las armas.

Me cuesta etiquetar al conjunto de la sociedad como víctima de un trauma, aunque es cierto que la violencia, en menor o mayor medida, nos afectó a todos y todas y afectó nuestro comportamiento político y social. En Euskadi hay una pugna entre la memoria y el olvido, lo cual es normal en una sociedad en la que hemos convivido con la violencia y cuya mayoría, durante muchos años, la asumió como normal. Es difícil aceptar que normalizamos barbaridades y abusos, que asumimos el terror como un mal al que difícilmente se podía haber frente. Esto, claro está, salvo las personas que excepcionalmente plantaron cara a la violencia por medios pacíficos, esas personas son muchas veces las que nos recuerdan que sí había herramientas para luchar contra la violencia y eso nos avergüenza todavía más. Ahora nos cuesta enfrentarnos a ese pasado porque no deja una foto demasiado bonita de quiénes fuimos, entonces algunos optan o, mejor dicho, optamos por revisar y revisarnos, hacer memoria sin trampantojos y reconocer que tal vez no estuvimos a la altura de las circunstancias y otros, por desgracia todavía muchos, prefieren no mirar atrás, reprimir ese pasado y buscar la vieja excusa de que es mejor no remover heridas y que lo que importa es el futuro.

Y ese futuro deseo que sea uno en el que la  memoria de todas las víctimas de la violencia encuentren un lugar hospitalario y donde nadie tenga miedo, nunca más, de expresar públicamente sus ideas.

Edurne Portela. / Galaxia Gutenberg
FOTO: Edurne Portela. / Galaxia Gutenberg

Ramón Rabanera, exdiputado general de Álava

El 20 de octubre de 2011 lo primero que me planteé es si iba en serio o no. Y después, un alivio personal. Lo hemos pasado mal y se abría un escenario sin riesgo. En seguida aparecía la pregunta: ¿se va a reconocer el daño causado a la sociedad a empresarios, políticos? No ha habido condena por el daño realizado. ¿Se enmascara la historia para que queden como gudaris por la libertad?

Puede ser que Euskadi viva un shock postraumático. Una parte miró hacia otro lado. Después de un atentado se escuchaba aquello del "algo habrá hecho". Al acabar la acción de las armas de ETA es posible que parte de la sociedad sienta remordimientos. Hubo un abandono al sector amenazado y a las víctimas hasta entrados los años 90 no se puso ahí el foco. El trauma ha sido muy fuerte.

El futuro de esta sociedad lo veo próspero. No tengo duda de que, sin la amenaza de ETA, este país encontrará el camino de la riqueza como lo ha hecho en circunstancias mucho más adversas. De cara al futuro, me preocupa la hegemonía del nacionalismo. No creo que sea bueno porque la sociedad es plural y creo que esa situación es por un debilitamiento del constitucionalismo que siempre ha equilibrado al PNV. La propuesta soberanista de Ibarretxe se guardó por el coste electoral que le supuso. Con un constitucionalismo débil eso pierde fuerza y creo que es malo hasta para el PNV que ahora se ve amenazado por la izquierda abertzale.

Ramón Rabanera
FOTO: Ramón Rabanera

Antonio Rivera, historiador

El final de ETA no lo recuerdo como un día señalado en lo personal. El terrorismo desaparece realmente cuando deja de atentar, y ETA lo había dejado de hacer hacía ya tiempo. Recuerdo que lo llamé en un artículo "el hecho biológico", igual que la muerte de Franco, porque era algo que la sociedad había descontado ya, que había dejado de tener importancia. Pero, no cabe duda, de que es una fecha referencial en la historia inmediata vasca por todo lo que ello ha supuesto.

Creo que la ahora la sociedad vive en un afán por dejar atrás aquel tiempo, por olvidarlo. Esa es una reacción normal, por mucho que contenga una grave injusticia con todos los que entonces sufrieron y con todos los valores de democracia y de respeto a la pluralidad que ETA y su mundo erosionaron o se llevaron por delante. Estamos en el relajo posterior al trauma; en algún momento habrá que encarar de una vez la gestión colectiva de su recuerdo. Ahora es solo cuestión de minorías (víctimas, victimarios, historiadores, políticos, periodistas...); la mayoría se dedica a gestionar su vida recuperada.

Ahora mismo estamos colapsados, encerrados en los moldes de la política vieja, mediatizados todavía por el recuerdo en diversos sentidos de lo que hizo el terrorismo. Vivimos una especie de nuevo empate que impide avanzar a la política vasca, y que amenaza con eternizarla en el impasse presente. A medio plazo, el sistema y la cultura política cambiarán, y mucho, pero no soy capaz de imaginar todavía hacia dónde. Pero lo que tenemos hoy no puede durar demasiado, porque no sirve para la sociedad vasca del futuro.

El catedrático de Historia Antonio Rivera. / CV
FOTO: El catedrático de Historia Antonio Rivera. / CV

Itxaso Atutxa, presidenta del Bizkai Buru Batzar

El 20 de octubre de 2011 estábamos en plena precampaña de las elecciones Generales de 2011. La víspera, vine corriendo de Donostia para asistir a la presentación ante la sociedad vizcaína de la candidatura encabezada por Josu Erkoreka. El runrún no cesaba, y al día siguiente llegó la confirmación. “¿Una más? ¿La definitiva?”. Como en anteriores anuncios de tregua, y más allá de las dudas, la esperanza y la alegría eran tan grandes que en casa siempre hacíamos cena especial acompañada de cava, ‘zapeando’ informativos y la radio en los auriculares. Aquella noche les explicábamos a nuestros hijos que, ahora sí, esta vez podía ser la definitiva. No más asesinatos, no más terror, no más extorsiones, no más sufrimiento. “Bakean biziko gara”. Y recuerdo, muy especialmente, la alegría de aita y ama: ama lloró.

Posiblemente, la sociedad vasca es la más generosa que conozcamos en la construcción de la convivencia, tras haber vivido cuarenta años bajo el terrorismo de ETA con el apoyo de la izquierda abertzale. Eso le honra a esta sociedad. Generosa incluso con quienes siguen sin ser capaces de reconocer el dolor injusto infligido a miles de personas y se niegan a decir claramente que matar siempre está mal. Por eso considero tan importante que las generaciones más jóvenes conozcan lo que sucedió. La democracia precisa de cuidados permanentes para mantenerla alejada de extremismos totalitarios. Euskadi necesita construir presente y futuro conviviendo en paz.

Veo ese futuro con esperanza, con mucho optimismo. Somos un pueblo pequeño con bases sociales e institucionales sólidas. Las generaciones más jóvenes tienen excelentes capacitaciones profesionales. El futuro está lleno de posibilidades para un país con la tradición emprendedora, la capacidad de trabajo y la visión estratégica que durante décadas han destacado en Euskadi. Todo ello en paz.

Itxaso Atutxa. / EP
FOTO: Itxaso Atutxa. / EP

Denis Itxaso, delegado del Gobierno en Euskadi

Cuando llegó aquella noticia, hacía unos pocos meses que habíamos pasado a la oposición en San Sebastián y eso hizo que la sensación fuera extraña. Por un lado, nos invadía una íntima satisfacción por el deber cumplido, por haber estado del lado correcto de la historia, por haber combatido el terrorismo y por haber defendido la libertad. Por otro lado, veíamos que en la sociedad vasca, en cierto modo, ganaban posiciones quienes habían dado cobertura ideológica y política, a la violencia.

A día de hoy, no veo yo a la sociedad vasca con ningún shock, sinceramente. Creo que la sociedad vasca está leyendo la famosa página. Había que leerla antes de pasarla. Y estamos asistiendo a un momento de auge creativo en el campo literario, en el campo cinematográfico, que está permitiendo que se lea la página adecuadamente, con todos los matices y el mejor de los discursos y el más pedagógico o didáctico de los discursos políticos que se puedan hacer. La serie Patria o la película 'Maixabel' u otras publicaciones están generando relatos veraces sobre la injusticia que representa el terrorismo. A esa digestión que estamos haciendo le hace falta un poco de tiempo y perspectiva para tomar conciencia de la verdadera dimensión de las tragedias. Y vamos siendo poco a poco conscientes. Gracias también a esa esa ola creativa que permite también dejar las cosas en su sitio.

El futuro de Euskadi lo veo ahora como un futuro al que siempre quisimos aspirar. Un futuro compartido con el resto de sociedades democráticas de nuestro entorno. Tenemos los mismos retos. Hablamos de cambio climático, de revolución tecnológica, de migraciones, de pandemias... Esos son nuestros problemas, los que siempre quisimos enfrentar sin necesidad de llevar escoltas. Sin tener nuestra libertad amenazada por tener una receta concreta que aportar a todas esos cuestiones. Un futuro sin el lastre del terrorismo, en libertad para encarar los desafíos reales que tiene la ciudadanía y que son los de una sociedad pluralista como la nuestra.

El delegado del Gobierno en Euskadi, Denis Itxaso. / EP
FOTO: El delegado del Gobierno en Euskadi, Denis Itxaso. / EP

Txema Portillo, historiador

Aquel 20 de octubre para mí fue sorprendente. No porque no esperara algo así: todos, hasta el último gato, sabíamos que ETA estaba en bancarrota no solo económica (que también) sino principalmente política. Así que un anuncio de que se acabó se daba por hecho. Lo que me sorprendió fue la payasada con que escenificaron aquello: con unas capuchas que llevaban casi el nombre de cada uno bordado, un discurso patético y un entusiasmo similar al de un equipo de fútbol que va perdiendo seis cero en el minuto ochenta y nueve. El 20 de octubre de 2011 no tiene, de hecho, ninguna significación histórica porque ETA ya había sido derrotada. A lo sumo sirvió para evidenciar que se trataba de una banda cutre y miserable.

Siempre he creído un error referirse a Euskadi como objeto de la violencia terrorista. Fue una parte de Euskadi quienes la sufrieron y es muy fácil de identificar: ETA mataba a los contrincantes políticos del abertzalismo. Y mientras lo hacía, los abertzales o se iban a la playa a pasar el día o aplaudían con las orejas. Así que el shock post-traumático tampoco lo veo como algo de Euskadi. En este momento de la post-violencia ultranacionalista sí veo dos efectos que considero relevantes. El primero, cierta tendencia a creer que quienes perdieron ganaron, y esto por parte de quienes finalmente consiguieron meter al tigre en la trituradora, lo que lo hace aún más insólito. Por otro lado, el efecto que ha tenido en la izquierda abertzale, pues desde el 20 de octubre de 2011 aquí pasa algo muy parecido a lo que pasó en España desde el 20 de noviembre de 1975: si a la muerte de Franco empezaron a florecer franquistas que eran “demócratas de toda la vida”, aquí desde el 20 de octubre de 2011 no dejaron de aparecer “artesanos de la paz”.

A mí ahora me preocupa cómo veo el futuro de Europa, porque considero que ese es el horizonte en el que tenemos que fijarnos. Quisiera ver a Euskadi como un territorio relevante en ese espacio, junto a España, en relación federal y con una especie de “ateísmo nacionalista”, es decir, donde lo que nos vincule no sea la identidad nacional sino el deseo de estar juntos. Sé que sueño, pero de momento no está prohibido ( y si lo estuviera lo diría igualmente).

Txema Portillo. / CV
FOTO: Txema Portillo. / CV

Koldo, ertzaina de la 11 promoción de Tolosa

Aquel 20 de octubre fue el principio de una nueva vida para la mayoría de ciudadanos. Un punto de inflexión para una comunidad que a partir de entonces no iba a tener el miedo de la amenaza e iba a  poder expresarse, vivir y relacionarse con el resto de ciudadanos con normalidad. Cada uno ocupando el sitio que quiere ocupar.

Puede ser que tardemos años en poder analizar la realidad con frialdad, pero eso solo lo da la distancia, como en la transición. Han sido muchos años de sufrimiento y eso deja heridas sin duda, y en algunos casos muy graves pero como conjunto de sociedad, no creo que se parezca nada a un shock postraumático.

El futuro de Euskadi lo veo como el de cualquier otra comunidad de personas pero libre de la opresión que la ha tenido atenazada durante muchos años. La verdadera transición hacia una sociedad libre y sin lacras empezó el 20 O del 2011. Un futuro sabiendo lo que puede pasar si haces mal las cosas, se presenta como mas ilusionante, porque permite no repetir fallos anteriores.

Leopoldo Barreda, exportavoz del PP en el Parlamento vasco

El día que ETA anuncia su final, había habido sesión en el Parlamento vasco y estaba regresando a mi casa. Es verdad que esperábamos el comunicado y habíamos preparado posibilidades de reacción en función de como fuera el mensaje. Recuerdo que cuando llegó estaba preparando mi intervención porque ese fin de semana se presentaba mi candidatura al Congreso de los Diputados.

Ciertamente hay una voluntad en algunos ámbitos para liberar o rebajar la gravedad de ETA. Y la sociedad tiene ganas de pasar página. Es cierto que en términos de libertad estamos mejor, pero no sería justo permitir que quienes relativizaron la violencia se impongan ahora. Creo que es necesaria esa memoria para hacer justicia a las víctimas. Si no no estaríamos vacunados para el futuro.

Ahora, Euskadi es la sociedad menos independentista. Pero persiste la semilla. Falta el reconocimiento y la condena por parte de Bildu y reconocer que nada fue legítimo. Cada actuación de ETA fue una violación de derechos humanos y una agresión a la democracia, cada amenaza, cada carta de extorsión... Falta cruzar el puente. Han llegado a la legalidad, pero falta llegar a la legitimidad democrática

El diputado del PP, Leopoldo Barreda. / EP
FOTO: El diputado del PP, Leopoldo Barreda. / EP

Gaizka Fernández Solvedilla, historiador

El día que ETA hizo ese anuncio lo viví con alivio y satisfacción, sobre todo por toda la gente que malvivía amenazada, pero sin sorpresa. Era evidente que ETA estaba cada vez más sola, cercada y debilitada gracias a la acción de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El final de la banda solo era cuestión de tiempo.

Como toda sociedad que ha pasado por un episodio largo y traumático de violencia política, la vasca se enfrenta no solo al "shock", sino al espinoso dilema de qué hacer con su pasado: pasar página cuanto antes, como si aquí no hubiera ocurrido nada, o hacer el esfuerzo de leerla entera, incluyendo las verdades que nos incomodan. Esto último no es fácil, desde luego, pero es la mejor vacuna para evitar nuevos brotes de violencia en el futuro.

Euskadi es ahora una comunidad mucho más "normal" que cuando ETA mataba, pero todavía está lastrada por algunos residuos del terrorismo. No tenemos un nivel adecuado de libertad de expresión, tolerancia, calidad democrática o convivencia. Nos queda un largo camino por recorrer, pero algunos tienen que andar más que otros. Ojalá el nacionalismo radical reuna el valor suficiente como para dejar de aferrarse a su relato del "conflicto", a la justificación de la violencia y a la glorificación de los terroristas, como hace en los "ongi etorris".

Gaizka Fernández Solvedilla
FOTO: Gaizka Fernández Solvedilla