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"Para evitar la violencia vicaria el primer paso es suspender las visitas, algo que no ocurre"

Jone Gurrea Iza, doctora en Sociología y con más de diez años de experiencia en políticas de igualdad, explica la violencia vicaria como instrumento para ejercer el control, un concepto social "que acabará legislándose"

Violencia machista. / EP
Violencia machista. / EP

La violencia vicaria se conoce como la ejercida sobre cualquier persona estrechamente unida a la víctima de violencia de género. Una violencia instrumental que utiliza el dolor no como fin, sino como herramienta "para obtener el control sobre la pareja y sobre la relación". "Es un término que ha llegado de repente", explica Jone Gurrea Iza desde Sortzen, consultoría especializada en el análisis y actuación contra la violencia machista y el impulso del empoderamiento de las mujeres, "un concepto social que todavía no se contempla en la legislación y abarca a terceras personas, ya sea por exposición o víctimas directas, como lo son muchas veces los hijos y las hijas". 

Hace diez años, el caso Bretón ya supuso un antes y un después en esta expresión de violencia, después de que asesinase a sus hijos de 6 y 2 años poco después de conocer las intenciones de divorcio de su mujer. La historia se repite, esta vez con Olivia y Anna en un nuevo episodio de violencia ejercida contra los hijos como método de control y dominación. El asesinato como máxima expresión de la violencia vicaria se viene contabilizando desde 2013 con un total de 41 jóvenes asesinados en España por violencia de género, sin embargo "son más de 800.000 los que sufren violencia en sus hogares", recuerda Gurrea.

Doctorada en Sociología, Gurrea cuenta con trece años de experiencia en políticas de igualdad y violencia machista elaborando estudios, diagnósticos, protocolos y en formación a personal técnico y político de diferentes ámbitos e instituciones públicas en Euskadi. Según explica, los casos de violencia que impliquen a hijos menores o a menores sujetos a su tutela, o guarda y custodia, sí están recogidos en la Ley Integral Contra la Violencia de Género. En la infancia, "la instrumentalización de los y las hijas es una forma de violencia de género que se ha socializado y ha sufrido puntos de inflexión como el caso de Rocío Carrasco", que supuso un aumento de llamadas al Departamento de Igualdad y en las peticiones de ayudas a los servicios públicos.  

Ante esto, "el primer paso debería ser la suspensión de las visitas, algo que no está ocurriendo", sentencia Gurrea. Aún con la existencia de amenazas o denuncias de por medio se da la custodia compartida y el agresor sigue estando con sus hijos a su vez reconocidos como víctimas, es una contradicción". Tal y como expone, han llegado a ver menores con problemas de dermatitis, que llegan de la visita en un estado anímico deplorable y llegan a autolesionarse o expresan verbalmente que no quieren estar con esa persona. "En las terapias intenta repararse pero mientras un juez permita ese contacto es muy complicado". 

Dependiendo de la edad, se expresan se manera diferente, "hablamos con psicólogos que apuntan los indicadores de esta violencia, a través de comentarios o dibujos, muy significativos en los niños más pequeños, pero siempre hay indicadores, los síntomas dependen de la sensibilidad". Según destaca, sanar el vínculo con su madre es crucial para su recuperación, "algo en lo que el maltratador ha invertido mucho tiempo para dañarlo y romperlo". "La mejor manera de que se recuperen es reparando el vínculo con su madre, y para ello las madres tienen también que repararse".

Caso Asier Niebla

Más allá de los y las menores expuestos a este tipo de maltrato, la violencia vicaria "va más allá de los hijos e hijas con casos en los que los jueces pueden incluir agravante de género', como se hizo en el caso de Asier Niebla". 

En 2018, Niebla era asesinado por la expareja de una mujer con la que mantenía una conversación durante la Semana Grande donostiarra. Un suceso que la Audiencia de Gipuzkoa consideró homicidio con 'agravante de género', "un claro ejemplo de violencia vicaria", explica Gurrea. La manifestación física es una de sus formas pero no implica el maltrato directo, de hecho, la manipulación psicológica es una forma común de ejercerla. 

Denunciar "no es el primer paso"

En Euskadi, la legislación en materia de igualdad de violencia de género es amplia. La Ley de Igualdad de Mujeres y Hombres se ha modificado y ampliado recursos, existen, entre otras normativas, la Ley de Atención y Protección a la infancia y adolescencia, el estatuto de la víctima, un plan de actuación institucional, y aun y todo "no lo estamos haciendo bien". 

Según explica, es algo complejo y condicionado por las personas que estén al frente en un momento determinado. Respecto a cómo actuar, añade, se ha trasladado durante años que "denunciar es lo primero, cuando es algo erróneo y está lejos de ser la solución". En muchos casos se necesita un acompañamiento previo, información, incluso atención psicológica anes de dar ese paso, "a no ser que haya un riesgo elevado y sea de vital importancia interponer la denuncia". 

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