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“Hace 70 años los menas eran españoles y nadie les levantó muros"

Ousman Umar salió de Ghana después de ver volar un avión sobre su pueblo. Con 13 años inició su viaje y un lustro después, tras cruzar el continente africano y el mar y ver morir a muchas personas en el trayecto, llegó a una Barcelona en la que se sintió

Ousman Umar. / EP
Ousman Umar. / EP

Ousman Umar salió de Ghana después de ver volar un avión sobre su pueblo. Decidió que quería ver el paraíso y ser todo menos negro. Pensaba que fuera de África los hombres eran pilotos, arquitectos o médicos y que si llegaba al país de los blancos él también lo conseguiría. Con 13 años inició su viaje y un lustro después, tras cruzar el continente africano y el mar y ver morir a muchas personas en el trayecto, llegó a una Barcelona en la que se sintió más solo que en el desierto del Sáhara. Pero no todo fueron desgracias. Un día se topó con Montse, la mujer que le acogió en su familia y la artífice de que hoy Ousman sea licenciado universitario y haya fundado Nasco Feeding Minds, una ONG premiada incluso por la UNESCO por su labor educativa mediante la tecnología en su país de origen.

Ousman es un superviviente. No en vano ha estado al borde de la muerte desde que nació. Durante el parto su madre murió. Las normas de su tribu obligan entonces a matar al bebé. Consideran que un niño con una fuerza tan grande como para matar a su madre al nacer, debe morir. Por suerte su padre era el chamán de la tribu y eso le dio licencia para vivir.

Conocemos su historia, su proyecto vital y cómo vive siendo negro, como le gusta que le llamen.

Te llama mucho la atención que en España nos refiramos a las personas negras con eufemismos como “negrito”, “persona de color” o incluso “gente de piel menos clara que la media”. ¿Cómo llevas esto?

Eso me hace recordar un poema de un senegalés pero que no llegó a ser famoso hasta que Eduardo Galeano lo publicó en uno de sus libros. Decía que un negro es negro cuando toma el sol, cuando se enfada, cuando tiene vergüenza o cuando mueres mientras que los hermanos blancos cuando tienen vergüenza son rojos como gambas, cuando toman el sol son morenos , cuando se siente mal están blancos del todo y cuando mueren son morados. Me choca que la gente busque eufemismos para referirse al color de mi piel. Soy negro y se acabó.

 

La ilusión de llegar al paraíso dura muy poco

 

¿No crees que lo hacemos con cierta condescendencia? Pensamos “es negrito, pobre” y sentimos pena o “negrata” y sentimos desprecio.

Si, lo hacen porque están programados para creer que una persona que viene de África es pobre. Cuando llegué a España me di cuenta de que todos piensan que en África somos pobres pero no se dan cuenta de que somos el segundo continente más grande, 54 países, cada uno es un mundo entero. El 72% de los recursos naturales salen de África. Debería ser África la que preste dinero a otros países pero se ha quedado consolidado el concepto de que somos el continente pobre. Hay una profunda ignorancia sobre lo que es mi continente.

¿Diríamos que Africa no ha tenido suerte con los dirigentes de sus países?

Yo siempre digo que la suerte se trabaja, se busca. No es cuestión de suerte. Hay que recordar la esclavitud, la colonización y muchos factores que nos han convertido en lo que somos. Lo que hay que hacer es respetar la dignidad de los pueblos.

Me refería sobre todo a la corrupción, a dirigentes que velan más por sus intereses que por los de sus pueblos.

¡Uno de los partidos más corruptos de Europa está aquí! La corrupción se ha extendido por todos los continentes y eso hay que denunciarlo. O vamos todos en el mismo barco o no saldremos vivos.

 

Ni en el desierto del Sáhara me sentí tan solo

 

Vamos a tus orígenes. ¿Cómo recuerdas Fiaso, tu pueblo natal en Ghana?

Un pueblo muy comunitario, solidario, donde vivía con mucha felicidad a pesar de no tener ni zapatos. Era un privilegiado por ser el hijo del chamán. Sobre todo me dedicaba a la agricultura y la ganadería. En mi pueblo aprendí que la riqueza no es de quien más tiene sino de quien menos necesita. Yo no tenía nada pero me sentía inmensamente feliz.

Dices que te sientes privilegiado por ser el hijo del chamán pero es que eso incluso te salvó la vida. Tu madre falleció en el parto y por eso tú debías de ser sacrificado. Ser hijo del chamán te libró de la muerte.

Me siento el hombre más afortunado del mundo. Al nacer yo mi madre murió y eso lleva al bebé directamente a la muerte según las costumbres de mi tribu. Se supone que un niño con un espíritu tan fuerte como para matar a su madre en el parto será capaz en la edad adulta de matar a todo un pueblo. Antes de que sea demasiado tarde tienen que asegurarse de que el bebé muera. Pero tuve la suerte de ser hijo del chamán y eso lo cambió todo. Pude crecer y estudiar soldadura incluso.

Decidiste que querías irte al paraíso, llegar al país de los blancos y ser todo menos negro. Querías ser como los blancos, arquitecto o médico.

A mi aldea no llegaban los Reyes Magos y había que ser muy creativo. Yo hacía los juguetes para mí y para mis hermanos. Una vez hice un avión y deseé saber cómo conseguían que algo tan grande volase y se pudiese pilotar. Pensé que tenía que ir al país de los blancos para comprobarlo así que fue la curiosidad la que me impulsó a salir de Ghana. Quería ser lo mismo que los blancos: médicos, arquitectos, pilotos. Así que sin dinero decidí con 13 años cruzar el desierto del Sáhara. De las 46 personas que iniciamos el viaje solo sobrevivimos seis y llegamos a Libia.

 

No hace tanto que los MENAS era españoles

 

Veíais muchos cadáveres a lo largo del camino. Al principio impacta pero después llegas a normalizar la muerte.

A los primeros cadáveres los enterrábamos y tratábamos de darles la dignidad que la muerte merece pero a medida que encontrábamos más y más solo pensábamos en si sus zapatos podrían servirnos.

Tras casi cinco años de viaje y mil visicitudes llegaste a Fuerteventura y te alojaron en un Centro de Internamiento de Extranjeros. Sin embargo, eso estaba lejos de ser el paraíso.

Al llegar al CIE comprobaron que era menor y me enviaron a Málaga. Allí me preguntaron a donde me gustaría ir y yo dije que al Barca, por el fútbol. Yo pasé por dos pateras en las que murieron más de 200 personas y muchos kilómetros de sufrimiento antes de llegar a Barcelona sin dinero y sin saber decir ni hola.

Sin embargo estabas contento y saludabas a toda persona que se cruzaba en tu camino. Pero la cosa se iba poniendo fea, dormías al raso y nadie te ayudaba.

Yo estaba feliz porque había llegado a la ciudad donde pensaba que podría ser feliz. Saludaba a todo el mundo pero nadie me contestaba, incluso se asustaban. La ilusión duró muy poco. Yo pensaba “qué raros estos blancos que no solo no saludan sino que me tienen miedo”. Entendí que en el país de los blancos la gente no se saluda. Vivía en la calle y no tenía nada para comer salvo lo que encontraba en la basura. Ni en el desierto del Sáhara me sentí tan solo como en Barcelona. La invisibilidad, la indiferencia en una ciudad tan llena de personas… no tengo palabras para explicar ese sentimiento tan doloroso.

Hablamos mucho de los MENAS en España y algunos les presentan como unos aprovechados.

No hay que olvidar que los abuelos españoles fueron los MENAS de los años 60 y 70. Se fueron a Argentina, a Estados Unidos o a Alemania y nadie levantó muros. Buscaban un futuro mejor. Los aceptaron, los integraron y ayudaron a un mayor desarrollo económico. Los menores africanos también venimos buscando ese futuro mejor y queremos contribuir a que este país mejore. Solo buscamos una oportunidad. Es muy triste que la gente olvide que los menas eran españoles hace 60 años.

 

Cuando las cosas van mal es muy fácil culpar de todo a los extranjeros

 

Llegó un momento en el que te encontraste con Montse y se convirtió en tu madre de acogida.

Llevaba ya dos meses en la calle sin que nadie me hiciese caso. Un día pasó por mi lado la Montse, que solo hablaba catalán y español, y no entendió nada de lo que yo le dije pero ella llamó a su marido, me llevó a su casa y me acogieron legalmente. Eso me lleva a pensar que hay mucha más gente buena que mala pero la mala hace mucho más ruido. La primera noche que pasé en su casa lloré como un niño todo lo que no había llorado en los cinco años anteriores. Con Montse y su familia conseguí un hogar, una educación, una carrera universitaria y todo lo que ahora soy. Con ellos me convertí en otra persona. Y me di cuenta de dos cosas importantes: hay dar voz a los que murieron en el recorrido y trabajar en el origen del problema para que no haya más víctimas. Todo esto hay que hacerlo con educación.

Lo importante es el origen. Hay que ayudar en el propio país para que la gente no tenga que salir de su hogar. Por eso tú has creado la organización Nasco Feeding Minds.

Exacto. Es una organización que pretende formar a los niños y niñas de Ghana con educación y tecnología. Nadie me ha dado dinero ni ayudas, ni siquiera apoyo de los ministerios, pero yo creo que es fundamental que la gente se forme para no salir de casa. La Unesco nos premió por llevar ordenadores para los menores del país y contribuir a un futuro mejor.

¿Qué sientes cada vez que vuelves a Ghana?

Lo que más me llena de ilusión es ver la cara de esos niños que por primera vez en su vida pueden tocar un ordenador. Y tenemos casos de éxito muy importantes como el de mi propio hermano que se ha convertido en el parlamentario más joven del país. Les hemos enseñado que no hay que alimentar estómagos sino mentes y que no es necesario cruzar el charco para ser feliz.

¿Cómo explicas que haya políticos que culpen a la inmigración de todos los problemas del país?

Es normal. Cuando el viento va a favor nadie se ocupa de saber qué hacen los demás pero cuando las cosas van mal lo fácil es culpar a los demás, a los que venimos de otros países y pretender arrasar con la guillotina. Es una pena pero falta mucho para acabar con la ignorancia inconsciente de muchos. Esto no es nuevo y hay que seguir trabajando la educación para acabar con todo eso.

 

Escucha aquí la entrevista:

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