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El agotamiento y la frustración invaden a las trabajadoras de las UCIs en pleno récord de contagios

La ampliación de camas en las UCIs y la falta de enfermeras en las listas de empleo agravan los problemas ante la carencia de recursos para atenderlas

Personal de Osakidetza en la UCI/EP
Personal de Osakidetza en la UCI/EP

"El personal de la UCI padece el síndrome de burnout". Este síntoma, también conocido como "síndrome del trabajador quemado" hace referencia a la cronificación del estrés laboral y se manifiesta a través de un estado de agotamiento físico y mental que se prolonga en el tiempo y llega a alterar la personalidad y autoestima del trabajado. 'Crónica Vasca' ha hablado con una enfermera de la UCI del Hospital Donostia que nos explica "el mazazo" que supone para el personal sanitario enfrentarse a una nueva ola del coronavirus. "Para la primera estábamos preparados mentalmente porque lo que ocurrió en Vitoria nos hizo prever lo que nos venía encima. La segunda y tercera ola nos afectó porque nunca terminábamos de vaciar el servicio. La cuarta fue sin duda la más demoledora, ya que nunca nos habíamos enfrentado a tantos pacientes covid y hubo que adaptarse a nuevos escenarios", mientras que "la sexta ola está siendo un tortazo devastador. Estamos agotadas tanto física como mentalmente. Es un túnel en el que no se ve el fin. Después ¿qué nos espera? ¿la séptima y octava ola?", se pregunta con una mezcla de resignación, cansancio y hastío ante la situación que padece a causa de esta pandemia tan "larga y continua en el tiempo".

"No hay personal para contratar y estamos desbordadas"

El Hospital Donostia es, en este momento, el que más carga por covid está soportando de toda Euskadi y deriva enfermos a otros centros vascos. Tiene capacidad para "48 camas UCIs", pero la expansión de la pandemia ha hecho que se suspendan intervenciones quirúrgicas y deriven pacientes con otras patologías a las unidades de recuperación y reanimación (URPA y REA). El centro puede llegar hasta "las 152 camas intensibables", pero, en realidad, no hay personal de enfermería suficiente para acometer tal ampliación de camas UCIs. "No hay nadie en las listas de contratación de Osakidetza. No hay personal para contratar", lamenta la enfermera quien expone que todas las comunidades autónomas "está intentando pescar enfermeras" de todos los lados.

"Estamos totalmente desbordadas porque tenemos que atender a un mayor ratio de pacientes con el mismo personal y la sensación que tenemos es que se nos está escapando la situación". "La plantilla está afectada tanto física como mentalmente, pero no podemos cogernos la baja porque repercute en el trabajo de nuestras compañeras y sería dejarles un mayor marrón". Además, "sabemos que, por el riesgo que entraña nuestro trabajo, va a haber bajas por contagios entre el personal, pero en nuestro caso el aumento de la carga de trabajo no implica, como debiera, que entren más auxiliares y enfermeras para mantener el ratio sino que tengamos que cubrir más turnos".

El déficit de enfermeras en la UCI de Donostia está haciendo que el personal de otras especialidades pase, "con toda su buena voluntad", a aportar su ayuda a la Unidad de Cuidados Intensivos, a pesar de "no tener los conocimientos necesarios" para trabajar en cuidados intensivos ni haber tenido "una formación previa". Pero toda ayuda es buena y bien recibida ante el aumento de la carga de trabajo y la presión asistencial para intentar paliar la falta de enfermeras UCI

"En nuestro trabajo hacemos frente a situaciones muy duras con peores condiciones laborales". La fuente del HUD acude a terapia, ya que le ayuda a "sostenerse y poder afrontar" su tarea laboral, aunque expresa que, prácticamente, ha "dejado de vivir" su vida personal y ha abandonado sus relaciones sociales "para poder estar a tope en el trabajo". "Es un trabajo muy duro que te llevas a casa" y también, dentro de la UCI, "el aislamiento que requiere el tratamiento de la covid es incómodo y repercute en nosotras como el hecho de tener que ponerte el equipo protector en ingresos que son muy largos en el tiempo", expone.

Una saturación laboral que está tensionando a la unidad de cuidados intensivos donostiarra y hace que parte de la plantilla no aguente más y se quiera ir. "Trabajadores con años de experiencia están pidiendo movilidades para ir a otros puestos de trabajo sin covid y los que no pueden pedirla se plantean reducir sus jornadas para tener un poco de margen de maniobra", explica.

"Ha faltado previsión e improvisamos de manera eficaz"

El testimonio es consciente que "una vez visto todo el mundo es listo", pero preguntada por si se esperaba en la UCI este aumento de los contagios ha reconocido que "hacía falta una previsión por parte de Osakidetza​ que no ha habido". "Ha faltado previsión y coordinación entre todos, además de tener en cuenta la opinión de los trabajadores. Los puestos de responsabilidad deben anticiparse a estas situaciones, viendo lo que pasaba en otros países y previniendo la contratación del personal necesario para afrontar el aumento de pacientes y camas". "Si planificas, el cuerpo lo asume y se prepara para un momento así, si no lo que hacemos es improvisar de manera eficaz", relata. La fuente argumenta, además, que a la falta de planificación y al incremento de los ingresos por covid en la UCI se suma que, en estas fechas de finales de otoño principios de invierno, se dan de normal "más ingresos de pacientes con otras dolencias" en los cuidados intensivos que saturan y dificultan todavía más el trabajo en las UCI.

"Prefiero no saber si los pacientes está vacunados"

La enfermera prefiere "no saber si los ingresados en la UCI por covid están vacunados o no", aunque se conoce en planta que "el número de no vacunados es significativo". "No tenemos porcentajes de vacunados y no vacunados, pero un gran volumen de los pacientes por covid no se ha vacunado sea cual sea su circunstancia". "Te toca cuidar a pacientes que niegan la realidad que están viviendo o no aceptan que están muy graves por no haberse vacunado", expone con resignación. "Es una evidencia científica. La vacuna ha conseguido que haya muchísimos menos fallecimientos y que los síntomas en muchas personas sean más leves", argumenta.

En este sentido, echa en falta mayor complicidad y empatía por parte de la sociedad. "La gente se queja puntualmente cuando le afecta las restricciones, mientras que nuestra situación es mala continuamente". "Hay personas que protestaban por no poder estar en la calle a partir de las 22:00 de la noche cuando, a mí, viendo lo que veo en mi trabajo, me parece un asunto totalmente trivial. No puedes salir a partir de las diez de la noche porque sino mi carga de trabajo es mayor", sentencia.

Aún así, intenta ser "optimista" para mantenerse preparada mental y físicamente de cara a enfrentarse a su trabajo, aunque es consciente de que la tarea será ardua y dura. "Teníamos la esperanza de que con la vacuna fuera suficiente, pero con el 10% de no vacunados también se puede colapsar un sistema sanitario". 

 

 

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