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El nudismo se adapta a tiempos de pandemia

Aunque como manifestación de una filosofía el nudismo se practica cada vez de manera más individualizada en Euskadi, a falta de encuentros y actividades en el territorio

Nudismo en la playa. /EFE
Nudismo en la playa. /EFE

Las restricciones y la consecuente caída en el número de visitantes durante la pandemia han frenado una tendencia turística al alza en las principales playas del territorio, el nudismo. No han frenado, sin embargo, una forma de vida entre los practicantes locales que, más allá de la playas y el buen tiempo, defienden el naturismo como filosofía, contraria  a los prejuicios y tabúes sociales existentes en torno al nudismo. 

Durante más de un año, la mascarilla se ha convertido en prenda obligatoria para evitar el contagio del virus, si bien el resto siguen siendo "innecesarias" en muchos aspectos. "Las playas nudistas son poco concurridas, así como las zonas de monte, puede guardarse la distancia suficiente como para no llevar mascarilla, y si es necesaria lo respetamos", afirma Arturo Ríos Reyes, miembro de la Asociación de Nudista Vascos (E.N.E), 

En Euskadi, suman más de una decena las playas y los enclaves frecuentados por naturistas. Aunque, en principio, quitarse la ropa entra en el marco de la legalidad en cualquier espacio público, salvo excepciones, ayuntamientos y asociaciones 'reservan' zonas específicas para favorecer la convivencia y la comodidad de sus prácticantes. Barinatxe, Ogeia, Azkorri, La Zurriola, Santa Clara o Zarautz son algunas de las existentes en la zona costera vasca. 

"No es una acción a la ligera, dejas de lado la comodidad para hacer algo que te gusta, o en lo que crees, aún sabiendo que muchas veces supone un reto", explica "te quitas cien gramos de ropa pero son toneladas de prejuicios". Una práctica que, según explica, se reduce entre los jóvenes por el estigma social, "los prejuicios siguen existiendo y los jóvenes y adolescentes se guían mucho por su entorno social", comenta. 

La crisis del asociacionismo

En España, son más de 400 los espacios naturistas distribuidos, en su mayoría, por el litoral mediterráneo, si bien en comparación con las playas textiles sigue siendo residual, además de tratarse de una práctica cada vez más individualizada también en Eukadi, donde el clima se presenta como un obstáculo para los adeptos del nudismo en contacto con la naturaleza.

La misma asociación, Euskal Naturista Elkartea, está actualmente en punto muerto por la falta de voluntad a la hora de organizar salidas, encuentros, señalizaciones u otro tipo de actividades de cara a consolidar el nudismo en Euskadi. La asociación daba sus primeros pasos a finales de los 90 y, desde entonces "ha tenido sus momentos álgidos, pero esta en standby como muchos otros movimientos sociales". 

"Hicimos muchos encuentros, excursiones, tuvieron buena respuesta pero la gente empezó a ir por libre y muchas han dejado de hacerse", cuenta Ríos, "no es como en Francia donde el nudismo lo práctica el 14% de la población, o en Holanda donde más del 50% lo ha hecho una vez en la vida".

Lo mismo ocurrió con la mítica carrera nudista de Sopela, que cumplía su vigésima edición en el año prepandemia como una de las pruebas nudistas más consolidadas en el país. En el año 2003, cuatro años después de que el atleta y aficionado al naturismo Patxi Ros pusiera en marcha la primera edición, la asociación Euskal Naturista Elkartea se hizo cargo de la organización durante casi diez años. "Quedamos muy poco organizándolo y tuvimos que renunciar a ello", explican desde el colectivo, cuyo relevo lo tiene el actual club organizador Munarri Atletismo Taldea.

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