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“Palestina es el dolor de mi corazón”

Marwán, el cantante, compositor y poeta, de madre española y padre palestino que ha conseguido el apluso de todo tipo de públicos

Marwán. / Sony Music
Marwán. / Sony Music

De madre española y padre palestino, el cantante, compositor y poeta Marwán ha conseguido el aplauso de públicos dispares. Desde jóvenes que reivindican los amores intensos hasta adultos que ven reflejado en sus textos el amplio abanico emocional que caracteriza a una sociedad tocada por la pandemia.

Aprovecha sus canciones y sus poemas para denunciar la precariedad a la que se ven sometidos quienes dan sus primeros pasos por el mercado laboral y sienten que la covid19 ha sido su particular guerra. También le sirven para poner sobre la mesa, por ejemplo, el mercado del amor en el que se han convertido redes sociales como Tinder.

Hablamos del trato que la comunidad internacional da al pueblo palestino al que permanece tan unido, del talento sin contactos y los contactos sin talento, de fútbol o de sentirse apátrida en un mundo lleno de etiquetas.

Marwán le pega a todos los palos y sobre todo en su cuarto poemario, “Una mujer en la garganta”. Hablamos con él a las ocho de la mañana, una hora muy poco poética y muy poco de músicos.

¿Ha cambiado la forma de organizar tu vida, tus días y tus horarios con la pandemia?¿Nos vamos a hacer por aquí más europeos en lo que a horarios se refiere?

¿Sabes lo que pasa? Que el confinamiento nos ha hecho a todos más madrugadores. Los cierres de bares, el toque de queda, nos ha obligado a estar antes en casa y todo se organiza de otra manera.

¿Tú crees que esos cambios han venido para quedarse?

Yo creo que no. Nosotros tenemos sangre de bar, de tomar vinos y cervecitas en los bares y en cuanto podamos la cabra va a tirar para el monte, seguro.

 

En España protestamos mucho pero reclamamos muy poco. Ha habido muy poca unidad entre los artistas

 

Dices que te gustaría que recordasen como alguien que quiso por encima de sus posibilidades. Ahora que la clase política acusa a la ciudadanía de vivir, de salir, de relacionarse por encima de sus posibilidades es preciosa esa frase de “querer” más allá de lo permitido.

Vivimos en un mundo hostil a la ternura, como decía Forges. Que la practiquemos es un acto de amor y de rebeldía que todos deberíamos poner en práctica en este mundo difícil. Ternura, amor, consideración y empatía es hoy en día algo revolucionario.

¿Qué relación mantienes con el pueblo palestino? La Comisión Internacional de Derechos Humanos acaba de calificar de “aparheid” la situación que viven las personas del país de tu padre.

Yo tengo mucha relación con Palestina; de hecho mucha de mi familia está ahí. Toda la familia por parte de mi padre es palestina y viven allí y también en Jordania, en Siria… Soy embajador de UNRWA, la ONG que trabaja con el pueblo palestino. Organizo muchos actos para recaudar fondos para ayudar sobre todo a los niños y también a los adultos. La verdad es que cada vez que voy a Palestina sufro mucho, es un dolor que llevo en el corazón. Esas condiciones de aparheid que ahora han reconocido las he visto constantemente. Sufro cuando veo como tratan a esas personas e incluso cómo me tratan a mí cuando voy allá porque aunque yo tenga sangre árabe, yo soy español pero me retienen en la frontera, me hacen registros, me apartan en la frontera durante horas y horas. Cuando veo que el trato que me dan a mí teniendo pasaporte español es ese pero que el que les dan a los palestinos es infinitamente peor, me hierve la sangre. Y me duele mucho la pasividad de la comunidad internacional que no pone límite a esto y no ayuda a que se termine.

 

Plataformas como Tinder convierten el amor en un mercado de carne fast food

 

Vamos a hablar de jóvenes. Hay que reconocer que aunque les veamos cómo irresponsables y digamos que no han conocido el sufrimiento, ya se han llevado lo suyo en estos últimos años.

Yo he escrito un poema sobre la covid19 y los jóvenes que es una bronca generacional. A todos los que hemos nacido después de la dictadura se nos dice que lo hemos tenido muy fácil y no lo hemos pasado mal. Pero lo cierto es que la gente de 20 años tiene unas perspectivas realmente oscuras. Paro, sueldos irrisorios, trabajos de esclavos, sin posibilidad de emanciparse y habiendo pasado por dos crisis. ¡A ver si eso es una vida feliz! Todo esto les ha dejado escorados a un lado de la sociedad sin poder formar parte de ella. Es muy triste pero no hace falta que la gente pase por una guerra o una dictadura para vivir en una situación de precariedad en esta Europa moderna.

Reflejas en tu libro una frase de Eduardo Casona que dice que no solo hay que ser joven sino que hay que estar borracho de juventud. Duele ver cómo la gente joven ha perdido más de un año de su juventud y no han podido hacer lo que el cuerpo te pide en esa etapa vital.

Lo cierto es que todos los indignamos cuando vemos macro botellones en los parques en una época de pandemia porque es un comportamiento muy poco solidario con quienes sufren la enfermedad y con quienes estamos en riesgo, que somos todos, pero también hay que tener cierta empatía porque habría que ver cómo lo hubiéramos vivido los demás con 18 años, con esa necesidad que tienes de tocar, sentirte querido, con el corazón viviendo a pelo… Los jóvenes tienen unas necesidades especiales.

¿Cómo va a ser la etapa post covid para el arte? Miles de familias del entorno cultural han acabado en las famosas colas del hambre pero ha habido poca unidad entre quienes conformáis el gremio.

La industria musical, al no disponer de un Estatuto del artista, al no disponer de un reconocimiento como industria está absolutamente desatendida. Cada uno ha tenido que buscarse la vida y hacer la guerra por su cuenta. Pero esto es lo habitual porque nosotros, al ser autónomos, gozamos de muy pocos derechos laborales. Y en nuestro caso, el gremio de los artistas, tenemos muchísimos menos. Así que hemos tratado de rehacer nuestro camino, haciendo conciertos de aquella manera y con normas muy estrictas que hay que respetar porque estamos cómo estamos. Pero los pequeños artistas, pequeños músicos que no pueden acceder más que a pequeños espacios han acabado en el paro o en las colas del hambre. Nos sentimos muy abandonados por parte de la administración. Ha habido palabras, intenciones, pero desde el ministerio de cultura no nos han planteado cosas serias todavía. Después de más de un año seguimos igual. Hay mucha gente cayendo en la pobreza. En España protestamos mucho pero reclamamos muy poco y el gremio de la música no se ha unido nunca. Me pregunto si es por esa falta de unión por lo que no tenemos fuerza para que se nos contemple. Deberían contemplarnos estemos unidos o no porque somos ciudadanos de este país pero lo cierto es que nunca hemos hecho nada de forma conjunta para presionar.

 

Reina el enchufismo y se valora muy poco el talento

 

Nos vamos a las redes. Tú eres muy activo en ellas y las utilizas para presentar tus trabajos, cantar. A veces parece que estamos perdiendo el tiempo pero también es una inversión. ¿Qué te dan?

Si son una inversión, sí, pero también es cierto que a veces pienso que podría tocar más la guitarra o componer otras cosas en vez de pasar tanto tiempo en las redes. Pero lo importante de ellas es la conexión emocional que se crea con quienes te siguen aunque nos hagamos esclavos del like. Detrás de cada número de “me gusta” hay una persona que ha conectado contigo .

Cantas al amor, escribes de amor y también de las nuevas formas de encontrarlo. Presentas Tinder casi casi como una plataforma de amor de usar y tirar. Dices que ahí hay carne a muy buen precio pero en mal estado.

Bien usada Tinder es una red que puede ayudarte tanto a encontrar pareja como a tener una noche fogosa pero a veces parece un mercado de la carne que se vuelve algo demasiado fast food. Da un poco de pena porque yo soy de una generación en la que el sexo se valoraba pero ahora ver que la búsqueda de sexo se generaliza y se instrumentaliza me lleva a pensar que tenemos cierta incapacidad para establecer relaciones de otra manera. No pasa nada, si dos personas llegan a un acuerdo para lograr relaciones es genial y no lo juzgo pero prefiero establecer relaciones más profundas.

¿Cómo consigues que tus poemas lleguen a gente de 20 años y a gente de 50? Nuestras inquietudes vitales son muy diferentes.

Últimamente pienso mucho en eso porque me encasillaron en público adolescente pero ya no tengo ese público. Me siguen personas más entre los 30 y los 50. Es sorprendente tener la capacidad de contar cosas que hagan tener un lugar común en el que mirarse a personas de edades tan distintas.

Meritocracia. “Tanto talento sin contactos, tantos contactos sin talento” dices en uno de tus poemas. Es un ataque a la línea de flotación de muchos países.

Estamos en un país en el que reina el enchufismo y se valora muy poco el talento. Reinan los máster cuando solo necesitas dinero para hacer uno. Esa idea de meritocracia que tienen algunos me enfada porque en la mayoría de los casos es gente que ha tenido más oportunidades, sin más.

 

Salir de gira en estas condiciones es como montarse en una montaña rusa de emociones

 

Desde que salió tu cuarto poemario, Una mujer en la garganta, ha rodado de mano en mano y prácticamente todas las personas que lo han leído han encontrado un poema que le ha tocado directamente el corazón de una u otra manera.

Está yendo muy bien. A mí me sigue sorprendiendo que un libro de poemas tenga tanto éxito. Es un libro muy cercano en lo temático porque cualquiera se puede sentir identificado en sus sonetos, aforismos, versos… Es muy variado y eso ayuda a leerlo a gusto.

Tú te presentas como una apátrida de la poesía, sin etiquetas.

No me gusta que me encasillen, ni sumarme a ninguna corriente. No me importa si me llaman poeta o no porque yo lo que quiero es emocionar, sea con un artículo de opinión o con un poema. Se trata de llevar felicidad a quien me lee.

Eres muy futbolero, del Barca. ¿Cómo crees que nos va a afectar tanto tiempo sin presenciar en el campo un partido de fútbol?

Yo creo que lo vamos a recuperar muy pronto y que en nada vamos a vivir los derbis, los aledaños del estadio, las cervecitas, como si no hubiera pasado nada. Va a afectar más a nivel nostálgico que social. Es como los grandes amigos que llevas años sin ver y que cuando los vuelves a ver parece que han pasado solo cinco minutos.

Y la música ¿dónde andas?

Pues estoy de gira con mi último disco, “El viejo boxeador”. Está siendo tremendo porque salir de gira en estas condiciones es como montarse en una montaña rusa de emociones. La gente en los conciertos se emociona más, llora más, es más cercana. Volverá a ser como antes pero ahora cada concierto es un curso acelerado de tocar el corazón de las personas.

 

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