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Radiografía de una Euskadi sin coches en los centros urbanos

Analizamos los planes de las tres capitales vascas para crear zonas de bajas emisiones antes de 2023

Ciudades como San Sebastián cerrarán al tráfico buena parte de su centro urbano / Ayuntamiento de San Sebastián
Ciudades como San Sebastián cerrarán al tráfico buena parte de su centro urbano / Ayuntamiento de San Sebastián

21:30 horas. Martes. El Barça pelea por sus últimas opciones de pasar en esta fase de grupos de la Champions League frente al Benfica. Un gol anulado a los portugueses ha encendido la polémica durante unos minutos en su bar de confianza, ubicado al resguardo de unos edificios en el barrio de Aiete. Los parroquianos del Cuelebre llegamos al descanso con ganas de fumar en su inmensa mayoría. Como cualquier conversación de bar, las expectativas de hablar de algo interesante no son altas. Sin embargo, tras varios suspensos a la gestión de Gotzone Sagardui frente a la pandemia, Jon -que se está peleando con unas gafas escurridizas- saca el tema de la movilidad.

El cierre del paseo de la Concha ha desviado buena parte del tráfico al túnel de Munto, justo por debajo de su casa. "El nivel de ruido es insoportable y esto lo que me espera en 2023 con lo del cierre del centro". "Lo del cierre del centro" es Datorren Donostia, la zona de bajas emisiones que el Ayuntamiento ha anunciado que va a implantar para cumplir con la Ley de Cambio Climático y la normativa europea. El equipo de Eneko Goia será el responsable de cerrar al tráfico todo lo que va desde la Calle San Martín hasta la ribera del Urumea a falta de concretar la inclusión o no de algunas calles. A partir de 2023, todo el tráfico desde ahí hasta el Urgull —el Ensanche y la Parte Vieja, en resumidas cuentas— estará limitado a transporte público, taxis y residentes.

Sin embargo, las restricciones no se limitan a San Sebastián. Vitoria ya tiene una propuesta encima de la mesa para que el Casco Viejo de la capital y el Ensanche se cierren al tráfico, aunque un estudio está encargándose de delimitar con más detalles la zona. El consistorio que lidera Gorka Urtaran ha incluido —al igual que Donostia— la futura 'Gasteiz Central' entre los proyectos que ha presentado para recibir financiación de los fondos europeos. Bilbao es la capital que menos ha avanzado en su proyecto aunque han comenzado unas fases de "trabajo previo" para ubicar sus zonas restringidas al coche tradicional según han explicado fuentes del Ayuntamiento a Crónica Vasca.

Junto a las tres capitales vascas, Getxo, Barakaldo e Irun serán las otras tres ciudades de Euskadi que deberán crear zonas de bajas emisiones por orden de la Comisión Europea y del Gobierno central. Una medida que, "como toda limitación del tráfico, suscita polémica" apunta Juan José Pons. Él es profesor de Geografía Urbana en la Universidad de Navarra y ha querido aportarnos algunas claves sobre cómo deberán ser esas ciudades y por qué hay más razones a favor que en contra de implantar estos proyectos.

Ni 'efecto borde' ni cerco al coche

Por ejemplo, la queja de Jon: el peligro que podría suponer desviar el tráfico a otras zonas de la ciudad y generar un "efecto borde". Pons reconoce que "es cierto que se puede dar un pequeño efecto borde", pero "hay mucho estudios científicos realizados en el extranjero que desmontan el falso de mito de la congestión del resto de la ciudad". Según el profesor, esos mismos estudios han demostrado que la creación de zonas de bajas emisiones provoca un "transvase modal"; "es decir, que la gente que antes iba al centro, más que acercarse al borde del centro de las ciudades, cambia a un medio de transporte que sí le permite llegar al centro de la ciudad".

El geográfo también ha analizado, en conversación con esta redacción, algunos puntos concretos sobre los casos vascos. Por ejemplo, sobre el de Vitoria aplaudía el trabajo previo realizado por la que fuese Green Capital en 2012. "Allí la zona de bajas emisiones tiene poca relevancia porque ya hay muchas calles del centro por las que no circulan los coches y porque se lleva mucho tiempo realizando un trabajo increíble en materia de movilidad". Sobre Bilbao, Pons decía que la capital vizcaína todavía tiene tiempo para trabajar bien el proyecto y que "no es un problema" que aún no hayan concretado sus planes tanto como Vitoria o San Sebastián. "Quien va a llegar tarde a las zonas de bajas emisiones es quien ya estaba y está llegando tarde a la sostenibilidad".

El profesor navarro subrayaba los beneficios medioambientales de las zonas de bajas emisiones, pero también ha apuntado algunos peros a un proyecto, "nace un poco tocado". El fundamental, aunque salvable es que "no sean simplemente islas libres de carbono en la ciudad, sino que esto venga acompañado de una promoción del transporte público y de la movilidad en vehículos sin motor". "Se trata —matizaba Pons— de que haya un proyecto más amplio que la creación de centros descarbonizados, que abarque a toda la ciudad: más transporte público, más aparcamiento disuasorio, inversión en infraestructuras ciclistas"...

¿El objetivo debería ser, entonces, unas ciudades sin coches? No para Pons, que defiende que "el coche tiene que tener su espacio en la ciudad". Si hasta ahora lo ha tenido, argumenta el geógrafo, "es porque tiene muchas ventajas: nos lleva de puerta a puerta, con nuestros horarios, sin compartir con nadie el transporte... y por eso es el rey de la ciudad; lo que pasa es que también tenemos que mirar a sus incovenientes".

Sea como sea, el calendario para esa retirada parcial del coche tradicional ha echado a andar... y a la cuenta atrás le queda un año: las seis ciudades vascas con más de 50.000 habitantes tendrán que tener sus zonas de bajas emisiones listas para, como tarde, Año Nuevo de 2023

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