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Urkullu preside el comité anticovid con los contagios descontrolados y duras medidas sobre la mesa

Euskadi tiene competencias para tomar medidas que frenen la nueva ola tal y como se hizo en noviembre

El lehendakari del Gobierno vasco, Iñigo Urkullu, en una imagen de archivo. EUROPA PRESS
El lehendakari del Gobierno vasco, Iñigo Urkullu, en una imagen de archivo. EUROPA PRESS

La curva de contagios y muertes en Euskadi y en el resto de España vuelve a tener perfil de etapa ciclista con duros puertos de montaña. Y como en las grandes vueltas, la cabeza y la salud de la ciudadanía llega tan cansada a estas paredes como lo hacen las piernas de los ciclistas cuando se acumulan los kilómetros cuesta arriba. El problema es que no hablamos de kilómetros sino de enfermos y muertos. Estos días, en torno al medio millar por jornada. Con este panorama, es obvio que para salvar vidas hay que volver a las pesadas pero -hasta ahora- eficaces restricciones en el País Vasco. Porque ese debe ser el gran y casi único objetivo de las administraciones. Pero en vez de dedicar sus esfuerzos a ello, todos a una, España vive de nuevo en la ceremonia de escurrir el bulto y encaramar en la chepa de otro responsable político la toma de decisiones duras, impopulares, perniciosas para la economía y con cada cada vez más contestación social y no solo de los jóvenes juerguistas. Tras siete días de confusión, en los que la hora del toque de queda se ha convertido en una subasta política mientras en Euskadi no se tomaban nuevas medidas impávidos ante el crecimientos de ingresos, por fin, llega la hora de retratarse. Este viernes se reúne el comité anticovid político, el que toma las decisiones, y debe asumir sus competencias y sus consecuencias.

Sobre la mesa del lehendakari, Iñigo Urkullu, y del equipo coordinado por Jonan Fernández (exasesor de la política de memoria y 'premiado' ahora con otro papel esencial en el Ejecutivo del PNV), varias medidas necesariamente drásticas para poner a salvo la salud y la vida de la ciudadanía vasca. Las restricciones al comercio, donde se planteó a Madrid un cierre "de todo tipo de establecimientos" a las 19 horas. Aunque ahora, cuando toca dar la cara a la Administración vasca para tomar esta determinación, han surgido las dudas. También, en esas peticiones al Gobierno de Sánchez, estaba la reducción de seis a cuatro del número máximo de personas que se puedan reunir en espacios tanto públicos como privados. Además, "el cese de todo tipo de actividades sociales, culturales y deportivas" se suma a la batería de medidas que Euskadi llevó al Consejo Interterritorial de Sanidad y que, por pura lógica, deberán estar entre las decisiones que tome el Ejecutivo de Lakua. No tendría sentido exigir a Madrid algo que se puede hacer desde Vitoria y luego no ponerlo en práctica. Aunque a principios de este año el propio Urkullu tachó la situación de "extrema gravedad" el 5 de enero y pocos días después autorizó la apertura de los bingos y salones de juego y la vuelta del deporte escolar. No parece que la previsión sea la tónica en la gestión de esta pandemia.

Cierre perimetral de los municipios

La otra gran medida viene casi tomada por la situación a la que se ha llegado. El cierre perimetral de los municipios, que se activa automáticamente cuando la incidencia es superior a los 500 casos por cada 100.000 habitantes acumulada en los últimos 14 días, es ya una realidad en Bilbao, la ciudad más poblada de Euskadi y motor económico. Aún así, es posible que el lehendakari la active de nuevo para todas las localidades vascas como ya sucedió en las anteriores restricciones tomadas en otoño ante el avance de la segunda ola. En aquel caso, se permitía el paso al municipio colindante. En esta ocasión, parece que la muralla virtual cerrará a cal y canto todos y cada uno de los pueblos y ciudades vascas.

Entre tanto, Euskadi mantiene la 'estrategia de la tortuga' a la hora de proteger a su ciudadanía. Con el argumento de que igual no llegan las vacunas necesarias para administrar las segundas dosis que correspondan, el Departamento de Salud de Gotzone Sagarduy guarda el 50% de los inyectables que recibe en vez de un porcentaje menor para paliar posibles carencias, tal y como recomienda la UE. En cambio, en una tormenta política​ que va a llevar a la responsable de Osakidetza a comparecer en el Parlamento, el argumento de los al menos dos altos cargos del PNV que se vacunaron saltándose el turno es que sobraban viales. Mucho por explicar en una situación en la que la curva de contagios, lo que realmente debería importar, es lo único que sigue libre en Euskadi sin que casi nadie la controle como hace falta. Al menos, hasta hoy.

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