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Los mostradores, vacíos: "Si no tienes muchos motivos para salir a la calle dejas de comprar ropa"

Durante el año 2020, 700 comerciantes vascos han tenido que cerrar definitivamente sus negocios

Imagen de un comercio / EFE
Imagen de un comercio / EFE

El mazazo que la pandemia ha supuesto para la hostelería es visible. Los hosteleros vascos elevan a 240 millones de euros las pérdidas en un año complicado y más de 7.000 personas han perdido sus empleos. Sin embargo, este no es, ni mucho menos, él único sector herido de gravedad. El comercio, y más concretamente el local, es otro de los grandes daños colaterales de esta pandemia.

No partían de la mejor de las situaciones y cada vez era más común ver como estos establecimientos, muchos de ellos abiertos hace bastantes años, se despedían de nuestras ciudades a la vez que las grandes superficies comerciales han colonizado las afueras e incluso el centro de los municipios. Los datos que deja la pandemia son demoledores: 700 comerciantes vascos han cerrado definitivamente sus negocios en este 2020. Las ventas minoristas, ofrezca quien ofrezca los datos, reflejan la caída. El INE habla de un descenso del 3,5% mientras que el Eustat eleva esa cifra hasta el 4,9%.

¿A qué se deben estos malos datos? En primer lugar, los comercios locales han estado durante más de dos meses cerrados. Esto ha hecho caer la balanza a favor del comercio online que ha visto como en 2020 se han multiplicado sus ventas. Durante la pandemia, el 74% de los consumidores han comprado por internet, según apunta el último Barómetro del Consumidor publicado en noviembre. La compra online ha subido un 28%, el uso de códigos QR un 33% y el pago con tarjetas de créditos un 53%. Esto tiene una relación directa con los comercios locales de Euskadi puesto que no todos están listos para hacer frente a la digitalización.

Una de cal y una de arena

José ha vivido un poco los dos prismas de esta situación pero está convencido de que el comercio está "muy mal". Él tiene una pescadería en Basauri y a la vez es mayorista en Mercabilbao y distribuye pescado a la locales hosteleros. Ha visto como la balanza se iba inclinando hacia un lado u otro según las circunstancias en las que estuvieramos en cada momento. A principio de la pandemia, en pleno confinamiento domiciliario de marzo y abril, las ventas en la pescadería aumentaron hasta que llegó la desescalada. "Durante esas semanas la gente tenía mucho miedo y optaba por acercarse más al comercio local, al que tiene al lado de caso, y eso se vio reflejado en nuestras ventas. Hasta que llegó la desescalada y esa clientela volvió a las grandes superficies", cuenta José.

En el caso de la empresa de distribución de pescado, el proceso se ha dado a la inversa. Durante los meses de encierro en las casas, los bares y restaurantes estuvieron cerrados y por tanto no tenían a quien suministrar. En su empresa tiene 20 empleados y algunos están en ERTE. José cuenta que la primera vez que lo solicitaron se lo denegaron por considerarles "de primera necesidad" y a día de hoy aún no ha recibido ninguna ayuda. "Ha sido muy duro. Hemos trabajado en condiciones muy precarias y hemos perdido mucha mercancía en las cámaras. Ahora empezamos a remontar un poco pero cada dos por tres cierran la hostelería. Nosotros tratamos de echarles un cable aplazando algunos pagos. Aún así creo que somos unos privilegiados simplemente por el hecho de poder trabajar", apunta.

Sin eventos y sin renovar el fondo de armario

El sector textil cerró 2020 con pérdidas de hasta el 40% en España frente al aumento del 1,2% que vivió el año anterior. Incluso el gran gigante Inditex ha optado por reorganizarse y ha anunciado el cierre de 79 tiendas en España a lo largo de este año. Las tiendas de moda son de las más habituales en nuestras ciudades Jose es el dueño de uno de estos locales en Vitoria. Este negocio se dedica a la venta de ropa pero también de trajes de novia. "Nuestro principal negocio son las ceremonias y eventos y han quedado en casi totalmente paralizados. Todas las novias que teníamos, y tenemos, están atacadas. Que la hostelería haya estado tanto tiempo cerrada nos ha afectado mucho porque no se han podido celebrar banquetes ni galas", explica Jose.

En esta tienda sí tienen página web y aunque la venta online les ha sujetado un poco, no ha sido suficiente. "Si no tienes muchos motivos para salir a la calle dejas de comprarte ropa. Como mucho te compras un chandal o ropa cómoda". Además, Jose explica cómo llevan todos estos meses con una continua incertidumbre y cree que "de una forma callada, menos publicitada" también están viviendo su "via crucis".

Irma es dueña de una sastrería en Donostia y sus principales ventas también son los trajes de novio y la pandemia ha sido un duro golpe porque tenían muchos novios y muchos trajes ya listos y vendidos. Sin embargo, ella no se quedó parada y pensó en cómo reinventarse y optó por la digitalización. "Hemos abiertos estos meses nuestra propia página web y le hemos dado mucha caña a las redes sociales que las teníamos un poco abandonadas. No son nuestra principal vía de venta, pero nos ha dado un fuerte empujon como escaparate", cuenta Irma.

Para ella, incluir el chandal entre los productos que ofrece no era una opción pero si se ha abierto a nuevas posibilidades en la moda. "Me resisto a la ropa de deporte pero sí hemos creado nuestra propia línea de sudaderas y camisetas que hemos lanzado hace una semana y la verdad que nos está yendo bastante bien. Esto nos ha afectado mucho y hemos perdido volumen de ventas, sí, pero seguiremos peleando", asegura.

Encerrados en nuestro municipio

Las limitaciones de movilidad también han tenido un efecto directo en los comercios porque muchos habitantes de municipios pequeños necesitan trasladarse a los más grandes para poder realizar sus compras. Alex tiene un estudio de fotografía en Durango y confiesa que por momentos ha llegado a plantearse el cierre: "Estás muy asustado porque empiezas a hacer cuentas, ves la cartilla del banco y ves que el dinero que hay no te da para tirar hacia delante". Él ha percibido como la gente ha vuelto un poco al comercio local pero asegura que necesitan a los pueblos de alrededor que con los cierres perimetrales han quedado tan desconectados. Para este fotógrafo ha habido tres momentos que les ha permitido tener un ligero respiro y compensar algunas de las pérdidas y han sido el post-confinamiento, las navidades y la vuelta al cole.

La falta de los municipios colindantes es algo que también ha sentido Rosa en sus dos joyerías de Donostia, una de ellas, la del centro de la ciudad, con más de 90 años de historia. "El llevar tantos años nos permite tener una clientela muy fija que tiene el hábito de venir. Aún así hemos tenido una fuerte caída en las ventas. Tenemos una página web pero la verdad que no le prestamos demasiada atención", relata. Aún así, reconoce que, pese a la "psicosis" que parecía al principio, no ha sido "tan bestia" como pensaba.

La cuestión de los alquileres es algo en lo que Rosa incide especialmente. "Nuestra otra tienda está en un centro comercial y no entiendo como hemos tenido que hacer frente nosotros solos al 100% del alquiler sin que el propio centro comercial nos haya echado una mano", recalca. Aunque la situación no ha vuelto del todo a la "normalidad", esta trabajadora confía en que poco a poco la gente dejara de tener "tanto miedo" y entre todos podremos ir dejando todo esto atrás.

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