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La crisis de suministros, de la automoción y el coste de la energía ponen en jaque a la fundición

La Federación de Asociaciones de Fundidores alerta del riesgo que "pone en entredicho el futuro de muchas pymes"

Trabajador del Metal. / EP
Trabajador del Metal. / EP

El sector de la fundición, con una gran importancia en la industria vasca, ha dado la voz de alama sobre la situación que está generando el aumento del coste energético, junto a la falta de suministros y su encarecimiento, así como el ascenso de los costes del transporte. Unas circunstancias que están convirtiendo la situación de crisis "estructural" y que lleva a muchas empresas del sector a una situación "crítica" que "pone en entredicho" su futuro. Así lo ha confirmado la Federación Española de Asociaciones de Fundidores (FEAF), que tiene su sede en Bilbao, y que agrupa a 150 compañías que dan empleo a 18.290 trabajadores y facturan 3.650 millones de euros. 

El buen comportamiento de la economía en los primeros seis meses del año está arrojando buenos datos en crecimiento económico, producción industrial y exportaciones, pero es un efecto que también está provocado por la comparación con los malos datos de la primera mitad del año pasado, cuando la pandemia paralizó el sistema productivo entre marzo y junio. Desde enero de este año han ido apareciendo problemáticas en el suministro de materias primas, en el coste de los transportes que en verano han eclosionado además con la subida desbocada del coste de la energía. Circunstancias que están empezando impactar con más fuerza a partir de julio. 

Sectores, como la fundición, relacionados con el metal están sufriendo especialmente esta situación a la que se ha añadido la "rotura en la cadena de suministro" y la "caída de ventas en el sector de la automoción", que emplea a 40.000 personas en Euskadi, y que se ha visto bloqueado por la crisis de los chips semiconductores. Las empresas asociadas en FEAF señalan que deben competir con otros mercados, como los asiáticos, en los que las exigencias en gestión medioambiental y riesgos laborales son menores, con lo que sus precios son más competitivos. 

A este escenario, se añaden dificultades para contratar especialistas e introducir nuevas tecnologías en las empresas para mejorar la competitividad. 

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