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La 'guerra económica' se ceba ya en Euskadi

Desde el alza de los precios a las paradas de producción de diferentes sectores, pasando por la escasez de materias primas, auguran un parón de la recuperación de consecuencias todavía imprevisibles

Representantes de la Asociación Ucrania en Euskadi en una concentración ante el ayuntamiento de Bilbao. / EP
Representantes de la Asociación Ucrania en Euskadi en una concentración ante el ayuntamiento de Bilbao. / EP

Desde que el 24 de febrero Rusia invadió Ucrania, el conflicto ha generado ya miles de muertos y de refugiados en una grave crisis humanitaria que no ha hecho más que empezar.

Cuando han pasado ya más dos semanas desde que arrancara un conflicto, al que todavía no se le vislumbra un final, las consecuencias económicas del mismo se empiezan a notar con intensidad en Euskadi y en los diferentes sectores de la economía, confirmando lo que ya vaticinaban los expertos al inicio del conflicto: que la crisis en Ucrania truncará de raíz la recuperación que parecía anunciar la luz al final del túnel tras el parón de la pandemia.

El departamento de Economía se preparara para revisar a la baja sus previsiones de crecimiento para este año, que se situaban en un optimista 6,7% de crecimiento del PIB. Todavía está por ver cuánto se debe corregir a la baja la previsión, pero lo que se está dejando notar en lo que llevamos de conflicto no auguran buenas noticias para la economía.

De hecho, la consejera de Desarrollo Económico, Arantxa Tapia, hablaba ya esta semana de "emergencia energética" y el lehendakari iba aún más allá hablar de que estábamos ante una economía de guerra.

Con los precios de la energía disparados, de la electricidad y del gas, las empresas grandes consumidoras de energía están empezando a parar la producción porque no les es rentable, en un goteo de empresas que cada vez se extiende a más sectores: la siderurgia, el papel...Pero el precio de encender en la luz para poner en marcha la empresa atenaza también a las pequeñas empresas.

Si la luz y el gas está disparados, los precios de la gasolina y el gasóleo se sitúan ya en máximos históricos, amenazando con generar un efecto dominó imparable. Empezando con los transportistas, que aseguran que tendrán que acabar parando ante unos costes inasumibles, pasando por el sector de la logística o la pesca o la agricultura. A todos ellos, el coste de llenar el depósito les empieza a hacer trabajar en pérdidas si no puede repercutir el incremento en los precios de sus contratos o en el pescado que venden en el mercado.

Sectores como el conservero también se resienten de la falta de materias primas como el aceite de girasol, que se importa desde Ucrania, muy utilizado por las conserveras, pero también en la hostelería.

A la espera de decisiones europeas que mitiguen la subida del precio de la luz, el IPC está en su nivel más alto desde los año 80, un 7,4%, según el último dato. Esto supone de entrada, a todos los ciudadanos les  costará cada vez más llenar la cesta de la compra, pagarán más por la energía que consuman y por moverse en sus vehículos.

En un contexto además de clara pérdida adquisitiva de los trabajadores, que no verán como sus salarios se equipara a la subida de los precios.
Lo dicho: economía de guerra que no ha hecho más que empezar.

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