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Churiaque: "¿Por qué en Euskadi no hay Fiscalía anticorrupción con una Policía judicial propia?"

El expresidente del Tribunal de Cuentas asegura que los partidos no deberían utilizar este órgano de control "para recolocar a sus políticos"

El expresidente del TVCP, José Ignacio Martínez Churiaque, este lunes durante la entrevista en Bilbao. CRÓNICA VASCA
El expresidente del TVCP, José Ignacio Martínez Churiaque, este lunes durante la entrevista en Bilbao. CRÓNICA VASCA

El catedrático de Economía de la UPV/EHU y expresidente del Tribunal Vasco de Cuentas Públicas (TVCP), José Ignacio Martínez Churiaque, es partidario de modificar el marco legal que regula este órgano, el último eslabón con el que cuenta Euskadi para prevenir las actividades corruptas que puedan producirse en sus administraciones públicas. Churiaque, que la semana pasada fue convocado por el Parlamento vasco para dar su visión sobre este Tribunal con vistas a que pueda ser mejorado, reconoció inquietantes movimientos políticos en su seno capaces de "neutralizar" la labor de los auditores públicos. En esta entrevista, el catedrático insiste en la necesidad de reformar un órgano que debe caminar hacia su despolitización para ganar en independencia y reconocimiento social. "Los partidos no deberían utilizar un órgano de control como el Tribunal de Cuentas para recolocar a sus políticos", asegura.

¿Qué carencias encontró dentro del Tribunal Vasco de Cuentas Públicas mientras ejerció de presidente?

Que no tenía la dimensión necesaria para poder auditar a todas las organizaciones municipales: ayuntamientos, mancomunidades y consorcios. Lo primero que me extrañó es que mientras en el sector privado un comerciante que tiene 50 trabajadores y factura 10 millones, tiene que hacer una auditoría obligatoria, a mi me extrañaba que el Ayuntamiento de Bilbao, por poner un ejemplo, que tiene un presupuesto de más de 500 millones, no presentase su auditoría todos los años.

Hay que ver cómo lo han resuelto en otros lugares. Por ejemplo, en Navarra. Navarra lo que hace es un convenio de colaboración público-privada con empresas de auditoría para que les hagan el trabajo de campo de los grandes ayuntamientos de la comunidad foral. Y Navarra presenta una auditoría de todos esos ayuntamientos, o al menos de los más importantes. Yo traté, desde un inicio, de convencer de la necesidad de auditar, por lo menos, a las tres capitales vascas. Y después a los ayuntamientos de más de 50.000 habitantes. Algo conseguimos. Pero esa era una gran limitación: que el dinero público municipal no estaba sometido a una auditoría pública. Creamos dos equipos de ayuntamientos grandes y pequeños y han mantenido esa trayectoria.

Es un órgano siempre en el punto de mira por su politización. ¿En qué medida lo notó usted mientras lo presidió?

Hay quienes piensan que es un órgano parlamentario y que por lo tanto, los parlamentarios pueden y deben estar en los tribunales de cuentas. ¿Qué ocurre? Que esa visión es, en mi opinión, antigua, que tiende a estar en desuso. Porque el nombramiento parlamentario es correcto, pero lo que no es correcto es que los partidos quieran controlar los tribunales; por eso hay que ir a medidas de despolitización: que sea un cargo técnico del Parlamento que no dependa de los intereses partidistas. El TVCP tiene un excesivo número de personas que son partidarias de esa concepción antigua, a pesar de que no tiene mucho apoyo social en este momento. Que las personas se nombran en función de la representatividad que tiene el grupo parlamentario que lo propone, y que ellos actuarán después con independencia del grupo parlamentario. Lo importante de la mujer del César no es solo que sea honesta, es que además tiene que parecerlo. Lo primero que tiene que hacer el auditor público es convencer al ciudadano de que su informe es imparcial, y por lo tanto, lo que hay que romper es esa posible relación de dependencia mental y de cariño que tiene el militante del partido respecto de la organización partidista a la que ha servido. Eso es lo que hay que evitar en el nuevo modelo, reducir la presencia de los miembros de los partidos en el seno de los órganos de control.

El nombramiento parlamentario es correcto, lo que no es correcto es que los partidos quieran controlar el Tribunal de Cuentas; por eso hay que ir a medidas de despolitización


¿Cree que los partidos que gobiernan en Euskadi están realmente interesados en cambiar el modelo?

Yo confío en que para la próxima renovación tengan en cuenta las medidas de cuarentena. Todos los expertos que hemos comparecido en la comisión para el estudio de la reforma de la ley hemos incidido en ello. El debate debe situarse en si una persona que ha tenido un cargo político debe estar seis años en espera a la hora de pasar a un órgano de control, o si ese tiempo debe ser de otra duración. Pero creo que los políticos vascos aceptarán que haya que fijar un período de carencia entre el ejercicio del cargo político, y el de acceder al órgano de control. Porque hay dos cosas: primero, que los ciudadanos piensen que están recolocando políticos que no encuentran otro lugar más acorde para ellos, y segundo, la credibilidad del Tribunal de Cuentas se cuestiona. No olvidemos que siempre que interviene un tribunal de cuentas, y afecta a un partido político, el partido afectado dice que el órgano está politizado. Lo dice en cuanto le afecta a él, y el ciudadano piensa que si eso lo dicen unos y después lo dicen otros, tendrán razón y será que el órgano está politizado.

Creo que los políticos vascos aceptarán que haya que fijar un período de carencia entre el ejercicio del cargo político, y el de acceder al órgano de control

¿Qué otras medidas propondría usted para mejorar la capacidad de detección del fraude en la Administración?

Que las exigencias se extiendan también al personal de libre elección. Porque estas personas se convierten luego en los auténticos auditores jefe de los equipos de actuación. Y creo que habría que trasladarlo hasta ellos porque la experiencia nos dice que hemos tenido auditories jefes implicados en sentencias judiciales que han afectado a la corrupción en algún territorio histórico. O cómo los auditores jefe se han incorporado a esas tareas de control, cuando el día anterior estaban dirigiendo un ente público o estaban siendo viceconsejeros en un departamento del Gobierno vasco. Si no se pone ninguna carencia, estas personas tendrían su pase del Ejecutivo al órgano de control de una manera a la que, acertadamente, Daniel Innerarity ha llamado pasarelas obscenas entre política y control.

Martínez Churiaque, durante su intervención telemática el viernes pasado en el Parlamento vasco. PARLAMENTO VASCO
Martínez Churique, durante su intervención telemática el viernes pasado en el Parlamento vasco.

¿Cómo viven esta "obscena" situación los funcionarios públicos del propio Tribunal de Cuentas?

Lo que puedo decir es que cuando tomé alguna medida para que no se modificasen las conclusiones de los auditores, éstos reconocieron que eso es lo que les gustaría que sucediera siempre. Pero se debe saber que un funcionario depende de lo que le diga su presidente o el auditor o la auditora jefe del presidente. Si el presidente y la auditora jefe del presidente, le dicen a un funcionario, a modo de ejemplo, que determinada conclusión no se puede llevar al informe, el funcionario qué va a hacer...

El fiscal anticorrupción y una unidad de delitos monetarios en la Ertzaintza serían medidas complementarias para impedir que exista corrupción en la sociedad vasca

Acatar...

Claro. Lo que yo he planteado es que, como ocurre en la Cámara de Comptos de Navarra, si esa situación se produjera, el auditor público de plantilla debe tener el derecho a incorporar una nota de discrepancia al informe. Y decir que determinada conclusión, que en él no figura, él la incluyó por este y por otro motivo. Me parece que sería oportuno introducir algún mecanismo de defensa de la actuación profesional. También un canal de denuncias anónimas en todos los organismos públicos. Lo mismo que pedimos que exista un responsable del cumplimiento normativo. Por tanto, nota de discrepencia de los auditores y un canal de denuncias anónimas, que debería existir en todas las organizaciones serias del siglo XXI.

También sugirió la semana pasada en el Parlamento vasco que sería conveniente crear la figura de un fiscal anticorrupción en Euskadi...

Tanto en el ámbito europeo como en el español se ha considerado oportuno que exista un fiscal anticorrupción. ¿Por qué no hay una Fiscalía anticorrupción en el País Vasco y Policía judicial propia? Este tipo de delitos pueden ser llevados por fiscales y jueces no específicos, pero tenemos jueces específicos de los mercantil, de lo laboral, y algunos pensamos que debería haber jueces específicos en medidas contra la corrupción. Porque la Policía judicial debe tener una unidad especializada para perseguir los delitos fiscales. Esa gente precisa de una formación y de la dotación de unas herramientas que estén controladas judicialmente. Por eso el fiscal anticorrupción y una unidad de delitos monetarios en la Ertzaintza serían medidas complementarias para impedir que exista corrupción en la sociedad vasca.

¿Se sintió usted alguna vez incómodo siendo presidente del Tribunal de Cuentas por recibir algún tipo de presión política?

Las presiones existen en todos lados. Lo importante es si tienes lo mecanismos o no para actuar con independencia. Si mi renovación dependiese de mi tasa de acuerdo, pues posiblemente hubiese tenido que plegarme a algunas de las sugerencias recibidas. Pero lo que hace falta es saber que todos los cargos de responsabilidad pública tienen una duración limitada en la que tienes que demostrar qué has hecho de nuevo respecto a lo que existía, qué has hecho por modernizar la situación, y si no esperabas nada a cambio, pues no te debías a nadie.

No debe utilizarse un órgano de control como el Tribunal de Cuentas para recolocar a las personas de los partidos políticos

Usted ha dedicado su vida al mundo académico, pero su nombramiento también fue político...

Mi nombramiento fue a propuesta del PP en los acuerdos que tomó con el PSOE para la investidura de Patxi López como lehendakari. Ese fue el origen parlamentario de mi nombramiento. Todos tenemos una ideología medianamente definida. Pero si tú has estado desde el inicio al servicio de una organización política, tú te sientes espiritualmente unido a esa formación. Crees que la única manera de alcanzar el interés común es a través de las propuestas que hace el partido al que has servido. Tu partido te ha dado tu currículum vitae. Pero claro, en un órgano técnico, esa manera de funcionar puede conducir a errores, porque en el órgano, ¿tú al servicio de quién estás? Lo que hay que decir es que se debe estar en exclusiva al servicio de las normas de auditoría del sector público. Yo tengo que cumplir unas normas de auditoría y las evidencias que he obtenido por la aplicación de esas normas, las tengo que llevar a un informe.

Los auditores deben tener un código ético, y fuera de eso no hay nada. ¿Puedo amar al partido político y a mis requisitos éticos? Pues en el ejercicio de la acción de Gobierno por supuesto que sí, pero en el ejercicio de la acción de control se genera un mundo de conflictos continuos. Es normal que la persona que ha sido nombrada a propuesta de un partido político, que lleva toda la vida en el partido político, que después tenga que decir que ha habido una incorreción en la contratación de servicios, o en la contratación de personal, o en las subvenciones... pues que lo haya hecho tu partido te crea problemas emocionales que una persona que tenga su ideología pero no tenga dependencia partidista, puede actuar con una mayor independencia mental.

Los auditores deben tener un código ético, y fuera de eso no hay nada (...) una persona con ideología pero sin dependencia política partidista puede actuar con mayor independencia en la redacción de un informe

Son nombramientos que no favorecen la imagen de imparcialidad que debe tener un Tribunal de este tipo...

Los partidos no deberían utilizar un órgano de control como el Tribunal de Cuentas para recolocar a sus políticos. Otra cosa es que nombren a personas de su cuerda. La prueba es la evolución legislativa que siguen Europa y España. La mayoría de las cámaras de cuentas fijan periodos de carencia entre el ejercicio del cargo público y el paso al ejercicio del control. Se han dado cuenta de que ética y estéticamente eso perjudica a los partidos. Lógicamente, nos falta mucho para avanzar hacia el planteamiento británico, donde al jefe de la oficina de auditoría nacional lo nombra el partido de la oposición. Los británicos tienen muy claro que lo importante es la Institución, la auditoría pública.

Incluso lo que ha pasado en Navarra. Ha habido un cambio de Gobierno y cuando ha llegado el nombramiento de la Cámara de Comptos, han elegido a una persona de la propia cámara, un auditor público. Esa auditora tendrá todos los problemas que tienen los presidentes, pero ella por encima de todo es auditora pública. Si ha encontrado una evidencia contable, es imposible que piense en dejarlo en el cajón. Porque lo llevas en los genes, no lo puedes evitar.

Nos falta mucho para alcanzar el planteamiento británico, donde al jefe de la oficina de auditoría nacional es nombrado por el partido de la oposición; los británicos tienen muy claro que lo importante es la Institución

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